Rufino Gómez Peralta cayó abatido por los disparos de la tropa. La ley fuga que le aplicaron, lo dejó tendido sobre la arena del desierto que, empujada por una leve ventisca, cubrió tenuemente su cuerpo y se amontonó en sus heridas.
Divulgador de la historia y cultura yucatecas Antonio Mediz Bolio, siempre orgulloso de su natal Yucatán, dedicó su vida para poner en alto a su tierra, estudiando y divulgando en su vasta obra muchos detalles de aquel territorio que al estar lejos de la capital nacional era poco comprendido por los poderes federales. Una de sus más prestigiosas y reconocidas obras fue La tierra del faisán y del venado, disponible gratuitamente en: https://bit.ly/3asdbnZ.
Confrontado con la exclusión social y el escepticismo por parte de la industria musical, el rock mexicano encontraba en los ochenta del siglo pasado nuevos caminos que transitar. Fue la época en el que bandas y solistas urbanos, espacios casi clandestinos después considerados de culto, una identidad musical mexicana en ciernes y multitudes en su mayoría provenientes de sectores juveniles y marginales, integraban el ambiente de la escena rockera del país. A la par, un nuevo impulso llegó para los artistas nacionales e iberoamericanos de la mano del movimiento mercantil Rock en tu Idioma, creado por la compañía BMG Ariola.
Para los gobiernos posrevolucionarios fue práctico fomentar la idea de que México existía como ente único e indivisible desde tiempos antiquísimos y que las comunidades originarias eran una sola entidad. Así buscaron unificar los valores de la patria nacida en 1821.
Otro de los mitos que se han construido alrededor de la Conquista es el que asegura que en México no existe el mestizaje. Mezcla quiere decir complejidad, así que dividir el mundo en vencedores y vencidos ignora la complejidad del inexorable avance del mestizaje en diversos ámbitos.
Tras la conquista, descendientes de las dinastías indígenas recibieron títulos y tierras por parte de la Corona española, como fue el caso de Isabel Tecuichpo o de Juana María Cortés Chimalpopoca.
Lo cierto es que solo los pueblos del altiplano lograron ser sometidos, mientras que los mayas en la península de Yucatán resistieron encarnizadamente durante décadas, y más aún las tribus del norte llamadas chichimecas y consideradas bárbaras, salvajes e indómitas que, aún bien entrado el siglo XVIII, siguieron dando dolores de cabeza a la Corona española.
La base de las alianzas de Cortés con los enemigos de los mexicas no era la superioridad militar, ni la pólvora o los caballos, sino el encono y el deseo de revancha de tlaxcaltecas, totonacas, cempoaltecas, otomíes, mixtecos, etcétera, quienes vieron en los españoles la posibilidad de deshacerse del yugo de la Triple Alianza.
Si bien los conquistadores no tenían la intención de exterminar a los pueblos originarios por cuestiones étnicas o raciales, el proceso de integración o sometimiento de los indígenas implicó servidumbre, explotación, condiciones de casi esclavitud, además de crueldades y abusos, como los referidos en el Códice Osuna del siglo XVI.
Uno de los mitos más absurdos pero que más fuerza han tomado gracias al culpígeno discurso anglosajón de reciente importación es que los españoles eran blancos y racistas, como si se tratara de los mismísimos pilgrims del Mayflower.