Los seris destacan por tener una cultura fuerte y viva, además de orgullosamente arraigada, así como tradiciones ancestrales que siguen transmitiendo de generación en generación.
Asolados por epidemias y matanzas, para los seris la guerra del siglo XVIII fue tan extenuante que, al final, ya no eran ni la sombra del grupo que por siglos enfrentara exitosamente a las fuerzas virreinales. Quedaba solamente un puñado en un territorio cada vez más limitado, aunque no tardarían en alzarse de nuevo.
Las misiones en el norte de Nueva España, como la de Nuestra Señora del Pópulo en Sonora, se enfrentaron a la falta de apoyo de las autoridades regionales, así como a las limitadas fuerzas militares que trataban de operar en zonas tan ásperas y alejadas de los centros de poder.
Los jesuitas se hicieron cargo de evangelizar a los seris, así como de instruirlos en la agricultura y el gobierno civil de los españoles, esperando que aceptaran llevar una vida sedentaria, probablemente con miras a afianzar su sometimiento.
La historia de un pueblo originario que resistió durante siglos la dominación colonial española en Sonora, y gracias a ello logró llegar hasta nuestros días.
Si nos preguntáramos cuál es su mayor legado luego de más de cincuenta años de trayectoria que culminó en abril de 2020 con su muerte por covid, podríamos proponer sus decenas de álbumes, entre los que destacan sus punzantes Parodias políticas y los inolvidables discos de Macondo, Encerrona…, Los caifanes y México 68, además de la trilogía Voz viva de México, en la que recita poemas de Amado Nervo o Sor Juana Inés de la Cruz. Mención aparte, su encomiable recorrido por géneros como el bolero, corrido, tropical, trova o tango. O tal vez el extenso mapa que configuró al reinterpretar la música tradicional de Guerrero, Oaxaca, Guanajuato, Chiapas, Nuevo León, Yucatán, Veracruz y otras entidades.
Partícipe de la Revolución mexicana al lado de Pancho Villa y luego de Venustiano Carranza, Guzmán vivió en 1915 su primer exilio en España, adonde regresaría diez años después, en medio de la ebullición republicana contra el sistema monárquico.
El 1 de noviembre de 1889, en el periódico La Voz de México, se publicó que una fiera rondaba por el Distrito Federal y que por el rumbo de San Cosme habían aparecido destazados varios animales de corral.
El delito de solicitación implicaba no solo que los religiosos se desviaran del fin principal de la confesión, sino que rompieran con el voto de castidad y atentaran contra la santidad del sacramento de la penitencia. En Nueva España, tanto curas como religiosos conventuales fueron acusados ante la Inquisición de solicitar favores carnales a sus feligresas durante la confesión.