No hay evidencia documental sólida para afirmar que el cannabis se cultivó en el continente americano previo a la llegada de los españoles en el siglo XVI. Toda afirmación en contrario peca de folclórica y poco documentada. Los españoles trajeron consigo el cannabis, lo llamaban cáñamo y lo cultivaban para obtener fibra textil de su tallo. No conocían –o no les interesaban– sus propiedades psicoactivas.
Sin reparar en el color de piel, nacionalidad, género o cualquier otra condición que se utilizara para distinguir o confrontar, los jóvenes de varios confines del mundo exigieron su derecho a elegir su propio destino. Y en esta lucha por un mundo más justo, la música creada por jóvenes artistas eran los gritos de guerra que los mantendrían unidos.
Bob Dylan creó su propio mensaje con tres canciones que expuso en el Festival de Newport de 1965. Estas incluían guitarras eléctricas distorsionadas, ritmos rhythm and blues y rock and roll.
Dylan era admirador de la Generación Beat, misma que una década antes fundaba sus principios estéticos en escribir versos al estilo del jazz y que venía impulsando conceptos afines con la naciente contracultura, como el fumar marihuana para poder entrar en otros estados de consciencia y así trabajar su arte.
El mito criollo fue reelaborado en 1750 por Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, conocedor de los papeles de Duarte, y de las menciones de Sigüenza y de Boturini. Este autor, en su Historia antigua de México, recopiló muchas “pruebas materiales” de la presencia del apóstol en América: las cruces “prehispánicas”, como la milagrosa de Huatulco, demostraban la existencia de una predicación primitiva; las huellas de los pies apostólicos, que estaban grabadas en rocas en varias partes, solo podían atribuirse a ese santo; las tradiciones indígenas que hablaban de un sacerdote virtuoso, blanco y barbado y las similitudes entre los nombres de Santo Tomás (llamado también dydimus, el mellizo) y el sabio y piadoso Quetzalcóatl (también conocido como el coate o gemelo divino); la presencia de códices antiguos y tradiciones que supuestamente contenían enseñanzas de clara raigambre cristiana, como la adoración de un Dios creador, la Trinidad, la caridad con los pobres, la monogamia, la veneración de la cruz, el bautismo, la comunión, la confesión y el celibato sacerdotal.
Márquez abrió los ojos. Rápidamente buscó el rostro de Mercedes y de sus hijos: “acabo de resolver la novela, tenemos que regresar ahora mismo a casa”. Tomó el volante, dio vuelta en u y condujo el bólido hacia la Ciudad de México. Adiós playa, sol y daiquirís; adiós vacaciones.
El cartón que presentamos es una caricatura de José Vasconcelos realizada por Hugo Tilghman (1909-1949), una obra clásica de las historietas mexicanas y con la que ganó el concurso de caricatura de El Universal.
El padre del soul, héroe musical para la comunidad negra, el joven que rompió las barreras raciales, el impulsor del peinado afro, líder del “poder negro” a la par de Malcolm X y Muhammad Alí, el impecable imitador de Frank Sinatra… son solo algunos epítetos que expresan la importancia de Samuel Cook, mejor conocido como Sam Cooke, un nombre que él mismo eligió.
Los éxitos musicales continuaron y Sam, también compositor, refrendaba su lucha con canciones como Chaing Gang, The Gang’s All Here (cantada a dúo con Mohammad Ali) y principalmente A Change Is Gonna Come, una pieza que se conoció tras su muerte por homicidio, acaecida en diciembre de 1964 en el Hacienda Motel Night de California.