Para nacer hay que romper un mundo, decía Hermann Hesse. El movimiento estudiantil rompió el cascarón del viejo mundo de la posguerra, el mundo heredado de sus padres. ¿Cómo fue que aquellos estudiantes se atrevieron a enfrentar al régimen de partido de Estado que existía en México, tan autoritario y represivo como el de la URSS y tan anticomunista como el de Estados Unidos? ¿Cómo fue que se atrevieron a desafiar la autoridad patriarcal que cohesionaba a las familias y a la sociedad? Con el tiempo, aquel ímpetu libertario se socializó hasta volverse trivial. Hoy parece nimio, pero la imperfecta libertad que vivimos fue una gran conquista, además de muy cara. Antes no era imperfecta, simplemente no existía.
El 26 de julio de 1968 numerosos politécnicos y universitarios se dirigieron a la Plaza de la Constitución para protestar contra las agresiones a los estudiantes ocurridas unos días antes. Nunca llegaron al Zócalo, pues fueron frenados por la policía que los reprimió y persiguió por las calles del Centro Histórico.
Tras cada protesta estudiantil, siguió la represión de las autoridades. Entre el verano y otoño de 1968 transcurrieron los meses más crudos en Ciudad de México, acallados finalmente el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.
“Toma el mundo en un abrazo de amor” resonó con fuerza en las radios de América y Europa a partir del verano de 1968, un momento cumbre en la oleada de paz, amor y esperanza que inyectó la idea un mundo mejor en millones de consciencias juveniles alrededor del mundo, las cuales incluso desafiaron a sus gobiernos. El verso era parte de Born to Be Wild, canción de la banda californiana Steppenwolf que se convertiría en un himno de su generación.
¿En qué contexto económico se desarrolló el Movimiento estudiantil? Hasta 1968 la economía se había portado bien. Bien en términos de crecimiento medido por el Producto Interno Bruto, bien en términos de estabilidad. Y si en el México de entonces no había inflación, tampoco había devaluaciones. Los dólares de a 12.50 pesos nos acompañaron a lo largo de veinte años y las tasas de interés eran un dato más de un entorno macroeconómico por demás sólido. Incluso en términos de distribución, la economía tenía buenos resultados. El poder adquisitivo de los salarios crecía y el gasto social per cápita hacía lo propio.
Crónica de la represión a estudiantes en Nuevo León en 1934
Treinta y cuatro años antes del 68, un movimiento estudiantil en la Universidad de Nuevo León también terminó reprimido a balazos. En su desarrollo, el gobernador Pablo Quiroga y el general Plutarco Elías Calles hicieron correr el rumor de que detrás de los jóvenes estaban “los judíos capitalistas, el clero y la reacción”. En realidad, habían sido apoyados por los sindicatos comunistas contra la “educación socialista” y la imposición de un rector, cuando el presidente electo era Lázaro Cárdenas.
En las sesiones de la Cámara de Diputados no hubo reclamos al presidente Gustavo Díaz Ordaz –que desde el principio asumió la responsabilidad- argumentando que había cumplido con su deber- no obstante la gravedad de los hechos ocurridos.
En la primavera de 1968 comenzó a soplar un viento extraño en las universidades más prestigiosas del mundo. Muy pronto se extendió a las plazas públicas en todos los continentes y a México llegó en verano para poner en duda costumbres públicas y certezas políticas. Fue la fiesta de la crítica que precedió la tragedia. En este artículo se reconstruyen los hechos, se describen las ideas y las formas de comunicación del movimiento que en esos dos meses cambiaron el país.
La familia Madero y sus redes empresariales en el noreste mexicano (1855-1910)
Los Madero consolidaron su presencia económica en el noreste al contraer matrimonio con otras prominentes familias empresariales, como la de Jorge Hernández Benavides, quien se desempeñó como un importante funcionario del llamado grupo de los “científicos” durante el Porfiriato.
La familia Madero y sus redes empresariales en el noreste mexicano (1855-1910)
Ernesto Madero fue el hijo mayor de Evaristo en su segundo matrimonio. Era accionista de dos importantes firmas de metalurgia pesada a principios del siglo XX: la Fundidora y Afinadora “Monterrey” y Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey. Durante su gobierno, Francisco I. Madero lo nombró secretario de Hacienda.
La familia Madero y sus redes empresariales en el noreste mexicano (1855-1910)
Evaristo Madero y sus descendientes tuvieron a Monterrey como uno de sus principales núcleos de operaciones. La capital nuevoleonesa fue escenario de la intervención familiar en numerosas empresas, aunque algunas se ubicaban en otros lugares del noreste mexicano.