La mañana del 15 de marzo de 1816 fue sepultado Mariano Abasolo en el arenoso lecho del cementerio de San José Extramuros del milenario puerto español de Cádiz. Una fiebre puso fin a cinco años de prisiones; en la última, una celda del Castillo de Santa Catalina, había durado solamente seis meses. De los principales jefes insurgentes capturados en Acatita de Baján el 21 de marzo de 1811, fue el único que tuvo la suerte de escapar de la sentencia de muerte, una fortuna que sólo prolongó su desgracia.
Sin Mariano Matamoros quizá no hubieran sido posibles las victorias de José María Morelos sobre el ejército realista. El principal lugarteniente de Morelos pertenece a la pléyade de sacerdotes y frailes que ocultaban admirables dotes militares, que fueron reveladas hasta el momento en que la guerra por la independencia los llamó a empuñar las armas. Su inteligencia fue decisiva en las victorias de los insurgentes y por ello fue condenado a muerte, a pesar de que Morelos le ofreció al virrey Félix Calleja 200 prisioneros españoles a cambio de la vida de su teniente general, de su “brazo derecho”, como él lo llamaba.
Fue uno de los primeros insurgentes pero hoy está casi en el olvido. Pasó veintisiete años en prisión, la mayor parte de ellos en la lejana Filipinas, mientras muchos ya lo daban por muerto. Cuando pudo regresar, ahora su país se llamaba México. No deseó volver a Querétaro, donde había participado en la conspiración que detonaría el movimiento de independencia. Pasó sus últimos años como velador en Guadalajara y nunca quiso saber nada de homenajes ni de la pensión por sus servicios a la patria que ayudó a forjar.
En plena lucha por la independencia, tras la batalla del cerro del Calvario, el ejército realista ejecutó a más de sesenta personas, muchas de ellas civiles, en un hecho que marcó para siempre a los pobladores de Toluca; sin embargo, hoy está casi en el olvido.
La madrugada del 2 de enero de 1812 Félix María Calleja del Rey, capitán general del Ejército Realista, rodeó con sus hombres la Villa de Zitácurao. En ella se encontraba la Suprema Junta Nacional Americana, fundada el 19 de agoto de 1811 a convocatoria de Ignacio López Rayón.
Desde el levantamiento armado del 16 de septiembre de 1810 transcurrieron escasos cuatro meses en los que alrededor de la figura de Hidalgo se unieron una cantidad de hombres que superaron todas las estadísticas antes vistas en la Nueva España. Las tomas de Guanajuato, Valladolid y Guadalajara no pudieron ser evitadas por el ejército realista e incluso la Ciudad de México pudo caer, de no ser por la controvertida decisión del cura de no avanzar sobre la capital.
Los abusos de los realistas durante la Guerra de Independencia
Los virreyes concedieron atribuciones casi ilimitadas a los comandantes realistas para que, del modo que consideraran más conveniente, pusieran fin a la revolución.