• 18-sep-2019.

El combate decisivo

Luis Arturo Salmerón

El ejército comandado por Calleja llegó a Tepatitlán el día convenido, pero De la Cruz se encontraba aún a algunos días de marcha. Mientras tanto, en Guadalajara, y no sin amargas discusiones, los principales jefes de la insurrección decidieron avanzar sobre el brigadier para evitar que se reuniera con las otras fuerzas realistas. Así, la tarde del 16 de enero de 1811, Calleja e Hidalgo se encontraron frente a frente en Puente de Calderón, localidad del actual municipio de Zapotlanejo.

Al despuntar el alba del día siguiente se libró la batalla decisiva de la primera etapa de la Guerra de Independencia en Nueva España: Hidalgo y Allende a la cabeza de ochenta mil hombres (cien mil según las cuentas de Calleja) confrontaron a los seis mil efectivos realistas que llegaban confiados después de sus victorias en Aculco y Guanajuato.

Al inicio del combate, la aplastante superioridad numérica de los rebeldes parecía inclinar la balanza de la victoria hacia su bando; pero después de cuatro horas de intensos enfrentamientos, un tiro de cañón depositó una granada en un carro de municiones insurgente, lo que provocó una explosión y un incendio que desencadenó el caos entre las tropas.

Calleja supo capitalizar el hecho al lanzar, acto seguido, una feroz carga de bayoneta que provocó la desbandada del enorme pero poco disciplinado ejército enemigo. El desastre fue total y el futuro virrey quedó dueño de un ensangrentado campo donde yacían miles de insurgentes y agonizaba la rebelión.

Cuatro días después, el 21 de enero Calleja hizo su entrada triunfal a una Guadalajara que, engalanada para la ocasión, celebró un tedeum para el invicto brigadier realista que con sus tropas destrozó a la más terrible amenaza que hasta el momento había enfrentado el virreinato de Nueva España.

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “La espada del virreinato” del autor Luis Arturo Salmerón y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 94.