La esclavitud en el virreinato de la Nueva España

Paulina Sayuri Rodríguez Galarza

El virreinato novohispano ocupaba un amplio territorio de lo que actualmente es México, Centroamérica y gran parte de Estados Unidos. La importancia económica que tuvo para la Corona española, por los recursos naturales que allí se encontraban, ocasionó la utilización de una gran cantidad de trabajadores libres y esclavizados. En Nueva España, la esclavitud indígena y la africana convivieron a lo largo de toda la época virreinal.

La esclavización de indígenas americanos se planteó como una propuesta para abastecer a Europa de trabajadores. Cristóbal Colón trató de establecer un tráfico de nativos hacia la península, pero este proyecto no fue aprobado por la reina de España. Una vez consumada la dominación, los conquistadores se abastecieron de esta población para desarrollar la agricultura y ganadería en América. Después se implementaron las encomiendas, institución colonial que tenía el objetivo de organizar el trabajo indígena y evangelizar a la población; con este sistema los europeos explotaron a una gran cantidad de nativos, de los cuales muchos terminaron muertos debido a la brutalidad del trabajo, las malas condiciones y la escasez de alimento.

La brutalidad con la cual la población indígena moría desencadenó diferentes debates de religiosos, así como oposición a las condiciones en que se estaba llevando a cabo el desarrollo económico de Nueva España. En el siglo XVI se discutió sobre la naturaleza de la población originaria y su condición jurídica; principalmente la defensa de Bartolomé de las Casas llevó a que la Corona española decretara las Leyes Nuevas de 1542, con las cuales se designó a los indígenas como súbditos del rey, además de prohibir la esclavitud de esos grupos.

A pesar de ello, la esclavización de los indígenas continuó hasta el siglo XIX, principalmente por los vacíos de las leyes, que permitían la esclavización de aquellos que “hicieran la guerra”, es decir, se admitía tomar como prisioneros a los indígenas que se mantuvieran en un estado continuo de rebelión. Ante este pretexto, millones de hombres, mujeres, niños y niñas fueron capturados y vendidos, sin importar si eran rebeldes o no. En el norte del virreinato se estableció una gran red de esclavizados en la que participaron autoridades, europeos y las mismas sociedades nativas. Este tráfico continuó incluso después de la Independencia y de las leyes de abolición en México.

Al mismo tiempo, se estableció como legal la esclavización de africanos. Se creó un sistema para abastecer a Nueva España de trabajadores forzados. Los barcos negreros llegaban a Veracruz, donde se descargaban las mercancías; con ellas, los seres humanos que eran vendidos y distribuidos al interior del virreinato. Cuando eran comprados, a muchos de ellos se les marcaba en el rostro con un hierro caliente; a esta práctica se le denominó “carimbo”, y la finalidad era identificar la condición de esclavitud.

Las africanas esclavizadas fueron de gran importancia para el desarrollo económico, social y cultural. Muchas de ellas desempeñaban trabajos domésticos, además de ser cuidadoras y amamantar a mucha población libre europea; otras vendían mercancía en los mercados y plazas. De igual manera, las mujeres fueron transmisoras de la cultura africana, principalmente a través de la comida y la música.

A partir de 1640 el tráfico de esclavizados africanos decayó, principalmente por la recuperación demográfica de la población indígena. A pesar de ello, la esclavitud continuó y fue de gran relevancia en algunas zonas, como Veracruz, Michoacán, la Ciudad de México y Guerrero.

Para conocer más de éste y otros interesantes temas, adquiere nuestro número 206, de diciembre de 2025, disponible en nuestra tienda en línea