Las batallas del Bajío, en 1915, cambiaron la historia del siglo XX con la derrota de los villistas
Los carrancistas contaban con más de sesenta mil hombres distribuidos en distintos estados; por su parte, los convencionistas tenían algunos soldados más y mayor territorio bajo su control.
La disputa por el liderazgo de la Revolución Mexicana
La secuencia de mensajes intercambiados entre Villa y Carranza (en “tiempo real”, diríamos hoy), en junio de 1914, presagiaba la ruptura entre ambas fuerzas, lo que conduciría a la guerra civil poco después. Para entonces se preveía la caída del gobierno de Victoriano Huerta y en estos telegramas es visible la disputa por tomar Ciudad de México, si Villa ocupaba Zacatecas.
Las batallas en Celaya decidieron la derrota de la revolución popular encabezada por Villa y Emiliano Zapata, y el triunfo del ejército de Carranza conduciría a la formación del Congreso constituyente en Querétaro, en diciembre de 1916, con la exclusión de quienes habían luchado en la División del Norte y en el Ejército del Sur.
Lo que restaba de la otrora imponente División del Norte huía como podía de las victoriosas fuerzas carrancistas. En los poblados de Durango y Chihuahua, la gente y la misma tropa se preguntaban cómo habían perdido contra “el perfumado”, como solía llamar Francisco Villa a Álvaro Obregón. Dentro del grupo de generales supervivientes la intriga y la sospecha corrían de boca en boca. Era 1915…
Después del ataque de Pancho Villa y su gente a Columbus, Nuevo México, la prensa de Estados Unidos comentaba el inminente cruce de tropas sobre la frontera sur en busca del revolucionario. El periodista John Reed escribió estas palabras dirigiéndose a los políticos y a los lectores estadunidenses: “Para la infantería, acosada por las bandas guerrilleras, con insuficiente transporte ferroviario, poca agua y nada de comida, yo pensaría que encontrar a Villla sería un tarea imposible de cumplir”. La historia le dio la razón al periodista, las tropas de Pershing, que invadieron México en 1919, nunca encontraron a Pancho Villa.
Patrick O’Hea fue un inglés que vivió en varias localidades del norte de México durante los años más álgidos de nuestra revolución. Fue administrador de haciendas, gerente de una fábrica jabonera y vicecónsul británico en Torreón. Una de sus experiencias más vivaces pero agotadoras fue tratar con Francisco Villa, una persona muy volátil de acuerdo con su estado de ánimo, que bien podía ser un ángel o un demonio. Estas y otras vivencias las plasmó en sus memorias tituladas Reminiscencias de la Revolución Mexicana, publicadas en inglés en 1966 y de las que se toman los fragmentos presentados a continuación.
Mucho de lo que estaba ocurriendo en ese momento dentro del ejército maderista y de las corrientes que combatían en ese banco se desprende de esta fotografía, donde aparecen los principales personajes que jugarían un papel importante en la Batalla de Ciudad Juárez. La suerte estaba echada, muy pronto Madero daría a conocer su gabinete y su proyecto de gobierno, algunos de los protagonistas tomarían entonces su propio derrotero.
La inminente entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) jugó en favor de la diplomacia mexicana, ya que obligó a los vecinos del norte a acelerar su salida del país y normalizar las relaciones con el gobierno de Carranza.
El 9 de marzo de 1916, Francisco Villa al mando de 500 hombres atacó Columbus, Nuevo México, y enfrentó al ejército estadunidense en una batalla que duró seis horas y que causó grandes destrozos al poblado. Estados Unidos respondió a este ataque rápidamente enviando a México una expedición punitiva formada por 4 800 soldados, más tarde aumentada hasta 10 000, que invadió el estado de Chihuahua con la intención de capturar a Villa, vivo o muerto, y destruir sus tropas.
En 1920 se rindió al gobierno federal para morir asesinado el 20 de julio de 1923. En los primeros días de febrero de 1926 una escalofriante noticia recorrió el país. La tumba de Villa había sido violada y al cadáver le fue cercenada la cabeza. Las malas lenguas señalaron como culpables a los norteamericanos.