Con las actuaciones del consolidado Arturo de Córdova y unas jóvenes Marga López y Elsa Aguirre, esta cinta emuló las grandes producciones del film noir estadounidense de mediados del siglo XX
El cine mexicano popularizó las películas de charros y rumberas que dominaron la taquilla a mediados del siglo XX. Fueron raras las ocasiones en que dos géneros se unían para el regocijo de todos, como en las comedias rancheras. Pero ¿qué sucedería al combinar más de dos géneros y darles un giro inesperado a los personajes típicos? Solo una persona logró esa titánica tarea: el gallego Juan Rogelio García García, mejor conocido por su nombre artístico de Juan Orol.
El ambiente de la estación de trenes capitalina de Buenavista, cuya perfecta simetría se mezcla esta vez con un frío y desolador ambiente, recibe a la bella Luisa, que por la expresión de su seño parece tener más miedo que ganas de abrazarse a la esperanza de una vida próspera. Y así, con el rechinar de las ruedas en sintonía con sus sigilosos pasos, la pueblerina pasa sus primeros instantes en la capital de aquel México de los años sesenta que ya crecía exponencialmente...
Con Pardavé como protagonista y director, esta comedia devela algunas prácticas que se volvieron costumbre y determinaron el estereotipo del libanés avecindado en México: el amor incondicional a la tierra ajena, gran pericia para el comercio y un significativo éxito económico.
Dirigida por Miguel Zacarías, esta cinta que reproduce la historia de Romeo y Julieta pero en versión ranchera, marcó el debut como actriz en la pantalla grande de María Félix y la consolidación de Jorge Negrete, el Charro Cantor, como ícono irrefutable de nuestro cine
Dirigido por Alejandro Galindo, este melodrama nos introduce al mundo de la trampa, la frustración y la soberbia de un joven que, presa de la avaricia, termina por sucumbir ante sus propios demonios.
Basada en la telenovela homónima, la primera transmitida en México todavía en blanco y negro (1958), esta cinta reafirmó el éxito de la michoacana Lilia Prado y el valenciano Enrique Rambal, quienes armonizaron notablemente bajo la dirección de Alfredo B. Crevenna, quizá el realizador de nuestro cine con la filmografía más abundante
El antecedente del filme “Nosotros los nobles” en el cine blanco y negro
Dirección: Luis Buñuel. Actuaciones: Fernando y Andrés Soler, Rubén y Gustavo Rojo, Rosario Granados y Maruja Grifell. Guion: Luis y Janet Alcoriza. Música: Manuel Esperón
Dirigida por Mauricio de la Serna, esta cinta realizada en 1958 quiso rendir un homenaje a dos eminentes actrices de la cinematografía dorada de México: Sara García y Prudencia Grifell, quienes actuaron junto a Ana Luisa Peluffo y Pedro Armendáriz.
Dirigida por Gilberto Martínez Solares, esta cinta de 1951 contó con las actuaciones de Germán Valdés Tin Tan, Alicia Caro, Andrés Soler y Tito Novaro.
Con el cuento “El apóstol” de Ricardo Flores Magón como telón de fondo, esta cinta de 1978 recrea las luchas mineras de principios del siglo XX que antecedieron a la Revolución mexicana, pero bajo la visión renovada que artistas, intelectuales e historiadores dieron a esos acontecimientos en los años setenta.
Realizada por Roberto Gavaldón en 1951, esta cinta se enmarca dentro de un incipiente cine negro mexicano que emulaba la exitosa filmografía gansteril estadounidense de las décadas anteriores.