El diputado Carlos María de Bustamante propuso que se declarase loco a Guerrero, lo cual no se aceptó. Los hechos de su gobierno probarían una mala administración, pero no incapacidad moral ni una locura. La idea era declararlo imposibilitado argumentando varias razones, así el 1 de febrero de 1830 el Congreso decretó que el general Guerrero “tenía imposibilidad para gobernar la República”. Traicionado y amenazado, el antiguo insurgente buscó refugio en su región natal.
Ante la expedición de reconquista española de 1829, comandada por Isidro Barradas, Guerrero obtuvo facultades extraordinarias para enfrentarla. Sin embargo, la oposición lo acusó de hacer mal uso de ellas, pues “le abrieron el cajón” del dinero público sin cortapisas.
Guerrero acudió al ministro de Estados Unidos en México, Joel R. Poinsett, en busca de recursos para continuar la guerra contra los que lo habían destituido, a cambio de “cumplirle la oferta que le hice de la venta de Texas luego que esté en posesión de la presidencia”.
Después de la crisis electoral y el motín de la Acordada, y con el respaldo del Congreso nacional, el 1 de abril de 1829 Guerrero tomó posesión de la presidencia.
¿Existen dos o más versiones del documento firmado en Iguala en febrero de 1821?
La importancia que para la historia política mexicana –concretamente para la historia de su emancipación con respecto de España– tiene el Plan de Iguala, suscrito por Agustín de Iturbide y luego jurado por las fuerzas insurgentes bajo el mando de Vicente Guerrero, no se compadece con el conocimiento que de dicho documento tiene, ya no se diga el común de los mexicanos, vaya, ni siquiera la generalidad de especialistas nacionales en historia política o jurídica de la nación que precisamente nació a la vida independiente al tenor de lo dispuesto en aquel texto proclamado el 24 de febrero de 1821.
Los relatos patrióticos que retratan las tertulias de las conspiraciones independentistas en Nueva España también tienen sus contrapartes en aquellas casas de abolengo cuyas reuniones terminaban en pláticas respecto a cómo castigar a todos aquellos traidores a la Corona española.
“Ruego a Dios que me ayude a afrontar meritoriamente esta pesada tarea que ha recaído sobre mis hombros en una etapa tan temprana de mi vida”, dijo Elizabeth aquel 8 de febrero de 1952 frente a los consejeros privados reunidos en el Salón del Trono del Palacio de St. James. Concluía así el discurso de su entronización y se convertía, a sus veinticinco años, en Isabel II, monarca de Reino Unido y de la hoy llamada Mancomunidad de Naciones.
La mítica actuación en Woodstock de Hendrix y su banda Gypsy Sun and Rainbows bien pudo ser el colofón de una década en la que miles de personas protestaron contra las hostilidades militares en suelo vietnamita y otros episodios políticos que sacudieron a diversas sociedades, incluida la mexicana, las cuales respondieron con potentes movimientos contestatarios. Por otra parte, esa furiosa versión del himno norteamericano, que llegó a ser calificada como “el gran momento de los años sesenta”, desató la aversión y amenazas contra Hendrix de diversos sectores conservadores de EUA.
Esta God Save the Queen no sería la primera ni la última canción de protesta contra la reina Isabel II, ni tampoco la única en el universo del rock, pues antes Queen la había incluido en su álbum A Night at the Opera, de 1975.
“No escribes God Save the Queen porque odies a los ingleses. La escribes porque los quieres y estás harto de que los maltraten”, dijo John Lydon, vocalista de los Sex Pistols, algunos años después del lanzamiento, en mayo de 1977, de esta pieza que ofendió a millones de simpatizantes de Su Majestad Isabel II y provocó la censura de la casa real.
Como símbolo de una nación estable, confiable y amigable, el presidente Abelardo L. Rodríguez instituyó, por acuerdo oficial del 29 de diciembre de 1933, la Orden del Águila Azteca. Esta presea se creó para reconocer los servicios de hombres y mujeres extranjeros prestados a la nación mexicana o a la humanidad.