La ciudad, que ya contaba con lámparas incandescentes en varias de sus calles más importantes, se llenaba poco a poco de cables y postes por donde fluía la electricidad, una tecnología que había sido asimilada con escasa o nula oposición por la mayoría de los ciudadanos y el gobierno desde el último cuarto del siglo XIX.
Por su parte Sisi, como llamaban a Elisabeth, tuvo que desafiar el escepticismo que mostraron los Habsburgo ante ella, pues pensaban que no tenía el carácter ni las formas para asumir su rol.
“¡Por favor, señor cartero, he esperado mucho tiempo!”, cantaba con gran energía John Lennon al frente de The Beatles cada que se presentaban en vivo o era reproducido en las radios de muchas partes del mundo, desatando el frenesí de sus seguidores que apasionados lo acompañaban con su propio canto.
Un año antes de su muerte, Francisco Frisard insertaba un anuncio fechado el 6 de enero de 1853 en el diario El Siglo Diez y Nueve, ofertando un amplio “surtido de toda clase de pasteles, para el día de LOS SANTOS REYES”. Más interesante aún, el anuncio añadía que repetía, “como los anteriores” años, la venta de dichos pasteles, por lo que su presencia se retrae en el tiempo.
Esta tradición católica llegó a nuestro territorio después de la Conquista y se mantuvo durante el Virreinato, aunque poco a poco adquirió características locales que la modificaron y dieron pie a prácticas populares como la fastuosa construcción de nacimientos, partir la rosca y enviar una carta a los Reyes Magos.
Los Reyes Magos de oriente han sido adoptados como patrones de los viajeros y peregrinos. Esta fecha se celebra con regalos que reciben los niños en la mañana del 6 de enero.
Se ha dicho que las grandes dimensiones de las plazas y edificios centrales de Tlatelolco en el Mapa de Upsala constituyen un indicio de que dicha pintura fue elaborada en aquella localidad; como si su autor quisiera beneficiarla, haciéndola más vistosa. Pero no fue así. ¡Tlatelolco es grande en el Mapa de Upsala porque era inmenso!
Los alumnos de Tlatelolco que regresaban a sus pueblos fueron difusores muy eficaces de la integración cultural entre el mundo indígena y el occidental, e incluso muchos asumieron cargos de autoridad en esos lugares.
Una historia que transcurre, en lo fundamental, de 1536 a 1596
El Colegio de Tlatelolco partió del impulso de un pequeño grupo de frailes franciscanos y contó con el apoyo de la Corona y el virrey Mendoza, así como con el entusiasmo del obispo Zumárraga. Sin embargo, tales apoyos, así como la fortuna misma del colegio, fluctuaron con el tiempo: hubo periodos de mayor prosperidad y una copiosa población estudiantil, pero también etapas de crisis.
El Colegio de Tlatelolco representa el proyecto más importante que haya tenido lugar en la Nueva España para la educación de los indígenas y la compenetración de las tradiciones occidental y mesoamericana. Al cabo de sesenta años, miles de indígenas adquirieron en el colegio las herramientas jurídicas, literarias, administrativas y lingüísticas para comprender el nuevo orden y garantizar la comunicación entre los mundos indígena y español. El dominio del latín les abrió las puertas para el conocimiento de las ciencias, la filosofía y el derecho occidentales. De Tlatelolco salieron notables intelectuales y escritores indígenas, como Hernando de Alvarado Tezozómoc, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Juan Bautista Pomar o fray Diego Valadés, y muchos otros asumieron cargos de autoridad en sus pueblos, como gobernadores, alcaldes o miembros del cabildo.