A mediados del siglo pasado, no eran pocas las voces que condenaban los niveles inaceptables que rozaba la moral de la sociedad mexicana. Los rumores alegaban que niños, jóvenes y adultos, por igual, denigraban su decencia al consumir publicaciones periódicas de “mala nota” o lascivas, así como al quedar expuestos a conductas libertinas que se exhibían en filmes nacionales y extranjeros, los cuales los alejaban de los verdaderos valores morales y el catolicismo que debían regir en sus vidas.