“Soldados de la Federación, váis a presenciar mi muerte que ha sido mandada por el Gobierno y que así lo habrá querido Dios; no me arrepiento de lo que he hecho; mi intención era procurar el bien de los pueblos. Adiós Distrito de Tepic. ¡Muero como hombre!”. Estas fueron las últimas palabras de Manuel Lozada, el temido Tigre de Álica, antes de caer fusilado el 19 de julio de 1873. Tenía 44 años.
Para Hobsbawm, el caso de Joaquín Murrieta de California es “un invento literario, pero lo bastante verosímil como para haber penetrado en el folklore e incluso en la historiografía californiana”.
“En llegando a Monterrey con el dinero de la venta del único terreno que me quedaba fui asaltado, y en ese peligro invoqué al Niño de Atocha y al momento se apareció el ánima de Agapito Treviño, alias Caballo Blanco, y el asaltante huyó. Por tan grande beneficio doy infinitas gracias”.
La primera versión de la leyenda del “bandido generoso” es de 1888, a tres años de su muerte en las mazmorras de San Juan de Ulúa, donde había sido recluido después de su juicio en Querétaro el año anterior.
Los relatos de bandidos populares cabalgan en ese frágil territorio bañado por la imaginación de escritores, por los mitos transmitidos en corridos y que se repiten a través de los años bajo el mismo guion, y actualmente en el nebuloso espacio cibernético.
La mayoría de la audiencia estaba allí porque sabía que las bandas del cartel harían grandes cosas, pero fue Santana, sin duda, la sorpresa para todos.
A inicios de los sesenta llega a San Francisco un joven de quince años llamado Carlos Santana, nacido en Autlán, Jalisco, y con una breve niñez en Tijuana, en donde conoció a otro chamaco Javier Bátiz, quien le enseñó a tocar como BB King, Ray Charles y Little Richard.A inicios de los sesenta llega a San Francisco un joven de quince años llamado Carlos Santana, nacido en Autlán, Jalisco, y con una breve niñez en Tijuana, en donde conoció a otro chamaco Javier Bátiz, quien le enseñó a tocar como BB King, Ray Charles y Little Richard.
Lewis Hine comenzó a colaborar en 1907 con el Comité Nacional de Trabajo Infantil (NCLC, por sus siglas en inglés) para conformar un expediente fotográfico y presentarlo al Congreso para impulsar una enmienda que pusiera fin a esa explotación.
El lema “limpia, fija y da esplendor”, con el que la Real Academia de la Lengua Española se distingue, fue dado por los miembros originales de acuerdo con lo siguiente: “la palabra limpia se refiere a la intención de sacar de la lengua las formas no reconocidas como propias; fija se encuentra en el lema en el sentido de sostener sólidamente el sistema lingüístico del español, y da esplendor en el sentido de que distribuye y educa en torno a las normas de la lengua española”.
Aún seguían los disparos en algunas regiones del país y recién se había promulgado la Constitución mexicana de 1917, cuando apareció un nuevo y doloroso fenómeno: la llamada influenza española, que era señalada por el diario ABC como una “guerra a las cochinadas”.
A inicios del siglo XIX, la lucha contra los insurgentes llevó a las autoridades virreinales a permitir la libre producción del vino mezcal para obtener ingresos. Consumada la independencia, fue prohibido nuevamente para apaciguar a la población y propiciar el orden público.