La historiografía nacionalista posrevolucionaria recrea la figura de Cuauhtémoc no tanto como potentado mexica, sino como víctima de los abusos de los conquistadores.
Cuitláhuac fue el gobernante de Tenochtitlan durante un momento crucial de la guerra contra el ejército castellano. Aquí se esbozan algunas de las principales referencias en las fuentes para reflexionar sobre su figura histórica, el contexto en el que debió asumir el poder político y algunas interpretaciones de sus actos durante el periodo en el que rigió los destinos de los pobladores de la cuenca lacustre del altiplano mesoamericano, entre 1519 y 1520.
A lo largo de los siglos se ha difundido la idea de que Moctezuma se rindió ante Hernán Cortés atemorizado por los malos augurios y la creencia en el retorno de Quetzalcóatl. Pero es muy difícil suponer tal candidez si él era la representación terrena del dios Tezcatlipoca, jefe máximo del ejército mexica y supremo sacerdote del imperio.
En noviembre de 1519 Cortés y Moctezuma II estuvieron cara a cara por primera vez. Según la tradición, el encuentro ocurrió en la esquina que ahora forman las calles de República de El Salvador y Pino Suárez, en el centro de Ciudad de México. Allí también se ubica el antiguo Hospital de Jesús y el templo de Jesús Nazareno.
Cortés tenía 34 años cuando emprendió la expedición de conquista que culminaría con la caída de Tenochtitlan. Casi la mitad de su vida la había pasado en el Nuevo Mundo.
En esta ciudad se definió la ruta para tomar por asalto a Tenochtitlan
Cacama, tlatoani de Texcoco, fue traicionado y entregado a los españoles por su hermano Ixtlilxóchitl, quien a partir de entonces combatió a los mexicas a lado de Hernán Cortés. Así, desde Texcoco, el conquistador planeó el asalto definitivo a Tenochtitlan y mandó construir 12 bergatines que serían determiantes para sitiar la ciudad y obtener la victoria en 1521.
La célebre escena del encuentro entre el representante terreno de Tezcatlipoca y Hernán Cortés (el 8 de noviembre de 1519), resume el arduo misterio del cruce de dos civilizaciones desconocidas entre sí. La interpretación de los temores de Moctezuma se repiten hasta el presente. Atendiendo al lenguaje corporal de Cortés, dibujado por los informantes de Sahagún en el Códice Florentino, devela, sin tantos equívocos, a un Hernán mustio e insignificante.