Sierra fue nombrado secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1905. El presidente Díaz lo dejó hacer su trabajo y lo apoyó a pesar de los conflictos que para entonces había en el seno del gobierno y entre el grupo de los “científicos”.
Desde 1881, Justo fue quien más abogó por la creación de una universidad nacional, plan que consumó hasta 1910. El actual Museo de la Autonomía Universitaria, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, fue la primera sede de esa institución.
Sierra se convenció de la legitimidad del gobierno de Díaz porque vio en él la posibilidad de pacificar y hacer avanzar al país. Incluso respaldó la idea de una “dictadura ilustrada”, siempre y cuando se creara un partido institucional y un programa que ciñera la conducta del gobierno, algo que finalmente no ocurrió.
Después de décadas de inestabilidad política, Sierra encabezó el proyecto educativo más importante del siglo XIX, con el respaldo del gobierno de Porfirio Díaz. El llamado “Maestro de América” elaboró un ambicioso plan nacional que abarcó desde los jardines de niños hasta el nivel universitario. Un programa que sería considerado “el gran cuadro de la construcción espiritual de México”.
La crisis electoral, el derrocamiento del gobierno y el fusilamiento de Guerrero evidenciaron la debilidad de las instituciones del naciente México, así como la predominancia del uso de la vía armada para alcanzar el poder o mantenerse en él.
Algunos radicalizaron sus posturas, pues no estaban contentos con que hubiera llegado un “negro” a la presidencia, un representante de la “baja democracia”, ni que la “leperocracia” se hubiera entronizado en el gobierno, cosa que los autollamados “hombres de bien” no podían permitir. El diputado Carlos María de Bustamante comentó: “Esto solo basta para que conozcan mis lectores el estado de desorganización actual de la República. ¿Quién creería que unos negros despreciables del sur, que ni figura tienen de hombres, vendrían un día a imponer al gobierno de México y a formidar [intimidar] a esta ciudad?”.
Es conocida su férrea voluntad, como la mostrada en el episodio del 5 de noviembre de 1819, cuando rechazó ante su propio padre el indulto ofrecido por el virrey Juan Ruiz de Apodaca, diciendo “La patria es primero”.
La más grande flota de bucaneros, a las órdenes de sir Christopher Mings, se dio al saqueo desenfrenado en San Francisco de Campeche durante varios días de 1663. Pero lo extraño del asunto fue que no tocaron los haberes del rico español don Antonio Maldonado de Aldana.
Los impactos de metralla se proyectaron hacia casas y negocios de la zona de Balderas y alrededores, que no tuvieron paz hasta concretarse el derrocamiento del gobierno maderista.
Las bajas totales de la Decena Trágica sumaron alrededor de dos mil personas. A ellas se agregarían los asesinatos del presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez.