La monja guatemalteca María Teresa de la Santísima Trinidad obtuvo fama a partir de que en la Semana Santa de 1816 sufrió arrebatos místicos que le produjeron estigmas en pies y manos.
A pesar de los obvios antecedentes y vínculos, los magonistas se alejaron no solo físicamente de México, sino también en términos ideológicos y políticos. Para comenzar, en Estados Unidos entraron en contacto con líderes obreros y periodistas de origen europeo que habían migrado a América. Así, se hicieron internacionalistas, muy atentos a temas como la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, aunque mantuvieron, e incluso acrecentaron, su interés por la población de origen mexicano que vivía en Estados Unidos.
En enero de 1917 Enrique Flores Magón decía que “el Congreso Constitucionalista, bajo la vigilancia del asesino de trabajadores Venustiano Carranza, no es para beneficiar a los pobres, sino para remachar las cadenas de estos”, a pesar de que en el constituyente de Querétaro participaron diputados que habían sido simpatizantes del magonismo.
En tanto anarquista, Flores Magón reprobó la lucha electoral antirreeleccionista. Descalificó a Madero por ser “un millonario” y aseguró que su movimiento era solamente “político” y que buscaba “fundar una república burguesa”. Flores Magón despreciaba profundamente a los líderes de la Revolución, tanto a Madero y Carranza como a Pancho Villa, de quien dijo: “no lucha por el bienestar de los pobres sino para encumbrarse él”.
El contacto con las fuertes organizaciones anarcosindicalistas de Estados Unidos definió más claramente la visión política del Partido Liberal Mexicano. Allí, los magonistas serán perseguidos y encarcelados por violar las “leyes de neutralidad” del vecino país, al impulsar levantamientos armados en distintos estados del norte de México.
La historiografía y el discurso político lo han convertido en un mítico “precursor de la Revolución Mexicana”. No lo fue: el combate de Flores Magón se dirigía hacia una revolución mucho más radical, con otro tipo de líderes y participación obrera. Por ello despreció profundamente la lucha iniciada por Madero en 1910: su movimiento era solamente “político” y no social. Merecemos una aproximación completa a este admirable personaje y este ensayo apunta en esa dirección.
El 23 de marzo de 1994 el candidato del Partido Revolucionario Institucional pronunció un discurso en la colonia Lomas Taurinas de Tijuana. Cuando se retiraba, uno de los asistentes penetró el cerco de seguridad y disparó un proyectil. Colosio fue trasladado al Hospital General de Tijuana donde falleció a las 18:55 horas. Hasta la fecha la identidad del asesino, Mario Aburto Martínez, y sus motivos se toman con mucha suspicacia debido a las distintas versiones que fueron dadas a conocer extraoficialmente en un ambiente de temor y especulación sobre la solidez política de México.
El caso del socialista Julio López Chávez, fusilado durante el gobierno de Benito Juárez, en 1868
Por su vecindad con la capital mexicana, en la segunda mitad del siglo XIX en Chalco se vivían intensamente los procesos que sufría la frágil República desangrada por guerras imperialistas, luchas intestinas y visiones del mundo inconciliables. La inmensa distancia entre el patriotismo de liberales o conservadores y las necesidades profundas de los campesinos indígenas y mestizos, se manifestaría con toda su crudeza desde aquellos años