Bajo la argucia de que Trotsky le diera su opinión acerca de un pequeño ensayo político que estaba escribiendo, Frank Jackson logró que el ruso lo recibiera a solas en su despacho. Mientras Trotsky se disponía a leer el supuesto ensayo, Jackson, uno de los tantos alias de Ramón Mercader del Río, sacó de su gabardina un piolet de alpinista y le asestó un golpe mortal al antiguo líder del Ejercito Rojo.