Lisiado, cojo, medio ciego, enano, epiléptico... pero todos y cada uno listos para la batalla, al igual que su furibundo comandante manco. Son los años de la Guerra cristera en México y el cura del pueblo los ha azuzado para que integren una tropa que defenderá con vehemencia su causa en favor de la religión católica que profundamente guardan, alentados por su gran compromiso y la guía del Salvador. A pesar de haber sido menospreciados por sus condiciones físicas antes, ellos ahora han elegido que se convertirán en fortalecidos soldados de Dios.