Para evitar que se juzgara a los indígenas como los únicos que ingerían el cáñamo, Alzate refirió que los egipcios también hacían uso de la planta y con ella formaban unas píldoras que “los embriaga al punto, les hace pasar a una especie de rapto o sueño estático”; mientras que en la India “mezclan la semilla de cáñamo con los alimentos… pero esta les llena la cabeza de humos y, si se come en abundancia, excita el delirio”.