La ciudad de Aguascalientes ubicada en el centro de la Republica Mexicana, ha sido desde tiempos remotos un crucero de caminos. Pueblos nómadas, colonizadores españoles y tlaxcaltecas, fueron los que aprovecharon los manantiales de aguas calientes, que le dan nombre a la ciudad para asentarse.
Centro político, económico y cultural del valle de Oaxaca; en seis kilómetros cuadrados albergó a 830 mil habitantes, en la ciudad más poblada de su época.
Una travesía, entre cuevas y cenotes, en la que se han hallado vestigios arqueológicos y en la que podemos conocer el rescate de una vasija chocolatera del cenote San Manuel o del registro de una impresionante pared con pintura rupestre, en el interior de la cueva Huachabí.
Tlatelolco es la única ciudad del mundo mesoamericano que se construyó gemela a otra: Tenochtitlan. Ambas ciudades compitieron a lo largo de su historia hasta llegar a la guerra, pero nunca rompieron los lazos a través de los que su dios Huitzilopochtli les otorgó el carácter a sus pueblos.
Las montañas en el México antiguo eran consideradas lugares míticos y significaban el vínculo del cielo o mundo superior con la tierra o inframundo. Hoy se puede afirmar que los pobladores precolombinos llegaban hasta sus cimas para evocar a sus ancestros y a sus dioses.
Documental del INAH sobre las colecciones arqueológicas y la creación del museo
Desde la mitad de los años 50 las salas arqueológicas del antiguo Museo Nacional comenzaron a ser transformadas buscando una mejor narración de las culturas prehispánicas. Guiados por sus maestros algunos alumnos de la Escuela Nacional de Antropología se convirtieron en museógrafos y llevaron a cabo la renovación de estas salas. Ellos mismos diseñaron y planearon, junto al arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, el nuevo Museo Nacional de Antropología.
Este video nos lleva a conocer desde el terreno hasta la magna construcción terminada de uno de los museos más bellos e importantes del mundo. El concepto arquitectónico y las proezas constructivas que lograron el rostro que hoy conocemos, del espacio que alberga el testimonio de nuestro devenir cultural, tanto de las culturas prehispánicas, como de los pueblos originarios que nos enorgullecen.
Los mayas mantuvieron un vínculo estrecho con su medio ambiente: con la tierra y con el cielo, y derivado de ello explicaron sus ciclos de vida a través de la llamada rueda calendárica. Esta relación determinó su vida desde el nacimiento como un cotidiano ritual, marcando incluso su rol social; y aunque su devenir también estuvo determinado por la guerra sus usos políticos y controles territoriales, siempre se mantuvieron acompañados del referente de sus dioses.