• lunes, 12 de noviembre de 2018.

La devoción a los santos negros

Por: Rafael Castañeda García

En el mundo católico, los santos han sido intercesores en las necesidades espirituales de los devotos de antaño y aún del presente. Estos personajes, se hicieron muy populares entre las poblaciones locales y regionales. Los hubo como patronos de ciudades y reinos en ambos lados del Atlántico, como especialistas frente a las calamidades y epidemias, o como protectores para ciertos grupos sociales.

 

En cuanto a Nueva España, el abanico devocional fue muy diverso. Las órdenes religiosas y el clero secular muy pronto difundieron los cultos más importantes de Europa y sus imágenes fueron insertadas en los altares de las iglesias y conventos desde el siglo XVI.

 

En este contexto, uno de los aspectos más descuidados de la historia de la esclavitud ha sido la vida religiosa de los africanos y sus descendientes. Según los especialistas, para 1645 se estima que se habían importado 150 000 africanos al virreinato novohispano, quienes arribaron tanto por el comercio oficial como por contrabando. Esta población necesitada de atención espiritual encontró refugio en la religión católica.

 

Así, la devoción a los santos negros formó parte de un imaginario construido por la Iglesia para cohesionar y establecer lazos de identidad entre las comunidades negras esclavas y libres durante los siglos XVI al XIX. Los santos más socorridos fueron San Benito de Palermo, San Antonio de Noto, San Elesbán, San Baltasar (Rey Mago negro), Santa Ifigenia y más tardíamente San Martín de Porres. Sin embargo, sólo dos de ellos fueron promovidos por la Iglesia novohispana: el franciscano Benito de Palermo y la etíope Ifigenia.

 

El culto

 

San Benito nació en Sicilia en 1524 y murió en Palermo el 4 de abril de 1589, a los 65 años de edad. Una década después de su muerte, su culto había llegado a la ciudad de México cuando los morenos y mulatos fundaron la cofradía de la Coronación de Cristo y San Benito de Palermo en el convento franciscano de Santa María la Redonda (su parroquia hoy se ubica en la esquina de Vicente Riva Palacio y Pedro Moreno, a unos pasos de Paseo de la Reforma, en la colonia Guerrero).

 

Hijo de esclavos sicilianos, fue franciscano y pasó de ser fraile lego a superior de su convento. Pronto fue conocido por milagroso hasta el punto de ser venerado en vida por los sectores populares y protegido por las élites. Fue beatificado en 1743 y canonizado en 1807, por lo que es considerado el primer santo negro reconocido por la Iglesia, razón por la cual fue quizá el más popular dentro de este conjunto de advocaciones que figuraron en el mundo católico.

 

En la Nueva España contó con cinco cofradías que se ubicaron en las ciudades de México, Puebla, Veracruz, Querétaro y en la villa de San Miguel el Grande (hoy San Miguel de Allende), todas fundadas por negros, mulatos o morenos libres durante el siglo XVII.

 

En cuanto a la africana Santa Ifigenia, hasta hace muy poco se pensaba que su veneración sólo se había difundido en Brasil y Portugal, pero también en Nueva España se promovieron prácticas piadosas en su honor; fue la orden carmelita la que oficializó el fervor “ifigenisca” en los territorios dominados por las monarquías española y portuguesa en el siglo XVIII. A diferencia de San Benito de Palermo, la devoción a esta santa fue impulsada por carmelitas, mercedarios, dominicos, franciscanos y hasta jesuitas, casi siempre entre las comunidades de negros y mulatos.

 

Se dice que Ifigenia nació en Etiopía y que fue princesa de Nubia. Como hija del rey se convirtió al cristianismo cuando recibió el bautismo, junto con otras doscientas doncellas, por parte de San Mateo. Junto con otras compañeras fundó un convento de religiosas, pero éste fue incendiado por un tío suyo, quien había usurpado el trono. En este episodio se menciona que milagrosamente, por intercesión del cielo, el edificio fue salvado, al igual que las monjas que vivían allí.

 

Así, esta africana ayudó en la evangelización de su territorio por varios años. Luego, enferma y rodeada por sus hermanas monjas, falleció el 21 de septiembre del año 46 de nuestra era. En el calendario litúrgico se celebra a Santa Ifigenia y a San Mateo en esta fecha.

 

Esta publicación es un fragmento del articulo "La devoción a los santos negros" del autor Rafael Castañeda García, que se publicó íntegramente en Relatos e Historias en México número 99: http://relatosehistorias.mx/la-coleccion/99-felipe-angeles-un-extraordin...