• 10-ago-2020.

Memorias de Gerónimo: La Batalla de la Colina Blanca en 1879

Habíamos estado peleando desde la una aproximadamente, y a media tarde, viendo que no progresábamos, di la señal para el avance. Se escuchó el grito de guerra y saltamos sobre cada piedra y por encima de los caballos muertos de los mexicanos, para luchar cuerpo a cuerpo.

 

El jefe de los apaches nedni, Whoa, estaba conmigo y comandaba una división. Todos los guerreros marcharon hacia las tropas y se encontraron con ellas en un lugar a unos ocho kilómetros de nuestro campamento. Nos mostramos a los soldados y rápidamente ellos cabalgaron hasta la cima de una colina y desmontaron, colocando sus caballos como escudo para protegerse. Era una colina redonda, muy empinada y rocosa, y no había árboles a su alrededor. Eran dos compañías de caballería mexicana y nosotros éramos unos sesenta guerreros. Trepamos por la colina detrás de las rocas y ellos mantenían un fuego constante. Le advertí a nuestros guerreros que no se expusieran a los mexicanos.

Sabía que los soldados gastarían sus municiones. Pronto habíamos matado a todos sus caballos, pero los soldados yacían detrás de estos y nos disparaban. Habíamos matado a varios mexicanos y no habíamos perdido a un solo hombre. Sin embargo, era imposible acercarse mucho de esta manera, y decidí que lo mejor era lanzar una carga contra ellos.

Habíamos estado peleando desde la una aproximadamente, y a media tarde, viendo que no progresábamos, di la señal para el avance. Se escuchó el grito de guerra y saltamos sobre cada piedra y por encima de los caballos muertos de los mexicanos, para luchar cuerpo a cuerpo. El ataque fue tan repentino que los mexicanos, corriendo de un lado a otro, se confundieron tanto que en unos minutos los matamos a todos. Luego les arrancamos el cuero cabelludo a los enemigos caídos, nos llevamos a nuestros muertos y aseguramos todas las armas que necesitábamos. Esa noche trasladamos nuestro campamento al este, a través de las montañas de la Sierra Madre hacia Chihuahua. Durante un año, aproximadamente, ninguna tropa nos molestó y luego regresamos a Arizona.

 

Este artículo está conformado por fragmentos del libro Geronimo’s Story of His Life, editado por S. M. Barrett y publicado en 1906, en Nueva York, por Duffield & Company. En línea: https://bit.ly/3d7lZ2b.

 

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