• 20-sep-2020.

San Pedro Infante revive en el Estado de México

Gilberto Vargas Arana

Rosalío Huerta Domínguez rompió la tranquilidad del municipio de Nicolás Romero, Estado de México, al afirmar en mayo de 1974 que él era Pedro Infante y que el desaparecido en Mérida no era más que su doble.

 

La historia llegó con los primeros colores de mayo de 1974. Los días acontecieron con un sol prendido a la ilusión, a la fe pagana. La prensa local alentó la fase de expansión del fenómeno. Una de nuestras fuentes, El Noticiero, “Diario rotográfico vespertino del Valle de México”, publicó el sábado 18 de mayo la noticia titulada “Aparece Pedro Infante en Villa Nicolás Romero”. En ella daba cuenta lo que los hombres ya habían construido sin demora y con mucha imaginación: “Aparece Pedro Infante en Villa Nicolás Romero”. Rosalío Huerta se dijo ser el legítimo y llorado Pepe el Toro; aunque ya era un hombre de complexión nada robusta. Pronto la noticia provocó multitud de murmullos y rumor.

Ha valido un sueño a toda máquina. Por el Camino de los Milagros anduvieron almas ávidas de fe. Algunos tiernos ojos estuvieron en vigilia desde temprano. Furtivas lágrimas invadieron tan de repente tan sinceras por profunda e inédita emoción el escenario. Vivieron un idilio con el recuerdo, le miraron su cara ovalada, ojos verdes y dentadura con incrustaciones de oro. Al salir del encanto contaron de él su parecido con el hijo predilecto de Guamúchil, lo observaron acomodar su sombrero como el Martín Corona de la fotografía que estaba clavada en una de las paredes del hogar ofrecido por la familia Beltrán Luna. “Desde que mi doble murió en el avionazo, las productoras dijeron que él era el verdadero, con el objeto de desconocer las deudas que tenían conmigo y las que ascienden a varios millones de pesos”, agregaba la mencionada nota en La Prensa. Los niños escucharon su relato, mientras acomodaba un paliacate en su cuello. Insistió que el muerto en Mérida “era su doble que lo doblaba” en sus películas.

 

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