Ayrton Senna y la infernal pista mexicana

Gerardo Díaz

Pese a su victoria en el Autódromo Hermanos Rodríguez en 1989, el extraordinario piloto brasileño de Fórmula 1 Ayrton Senna (1960-1994) detestaba francamente el circuito mexicano. El 3 de abril de 1992 declaró tras un despiste que “correr en México es verdaderamente peligroso. ¡Esta pista es un infierno! No es normal volver a esta pista año tras año sin realizar un mínimo de trabajo”. Y es que la relación de Senna con el asfalto mexicano fue caótica.

 

En 1987 protagonizó uno de esos berrinches épicos en los que, frustrado por un derrape y la incapacidad de continuar en la pista, abandonó el lugar pateando su coche, haciendo ademanes y saltándose las vallas de seguridad en medio de confusos gritos que seguramente no eran amistosos.

En 1990 una frustración más. Quizá una de las más dolorosas de su carrera. En una bella demostración de talento, él y el francés Alain Prost desarrollaron una carrera sumamente emocionante en la que estuvieron al filo de protagonizar un accidente por lo cercano de su duelo. Al final el ganador fue el europeo. Senna tuvo que abandonar debido a una pinchadura de su neumático trasero. El brasileño nunca tuvo duda de que fue ocasionada por la inestabilidad de la pista.

1991. En esta ocasión, fue en la famosa curva peraltada. Emblema del circuito, pero también causante de la muerte de Ricardo Rodríguez, uno de los mayores exponentes del automovilismo nacional. Ahí, Senna sucumbió ante la desesperación de acortar el tiempo con los líderes y al exigir de más a su coche derrapó impresionantemente, volcando a más de doscientos kilómetros por hora y estrellándose después con la valla de contención. Fue aparatoso. Los neumáticos de su vehículo se desprendieron y el chasis quedó boca abajo. Su equipo corrió al instante. Se esperaba lo peor. Afortunadamente salió ileso, pero blanco como el papel: “Sentí pánico solo de pensar que la gasolina que se derramaba sobre mi espalda podría incendiarse”.

Tras ese incidente, la curva fue modificada para el siguiente año, aunque para Senna ya no tenía remedio. Y así lo fue. En 1992, durante otro accidente, tuvieron que inmovilizarlo y colocarle oxígeno en los casi diez minutos en los que estuvo atrapado en su coche. La pista de la Ciudad de México fue, sin duda, el infierno de Senna.

 

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