En julio de 1968 los estudiantes se atrevieron a enfrentar al régimen de partido de Estado que existía en México, tan autoritario y represivo como el de la URSS y tan anticomunista como el de Estados Unidos. También, ese movimiento se atrevió a desafiar la autoridad patriarcal que cohesionaba a las familias y a la sociedad, en una fiesta de libertad, protesta y solidaridad colectiva, que terminó en octubre ahogada en sangre.