El sismo del 19 de septiembre de 2017 encontró a una sociedad fastidiada contra toda la clase política; harta de la corrupción y la impunidad, pero también absolutamente dividida y enconada. Por unos días, los habitantes de Ciudad de México olvidaron sus diferencias y buena parte salió a las calles buscando la manera de ayudar… Pero es un hecho: la solidaridad mexicana está diseñada para el dolor, la destrucción y la tragedia, no para la vida cotidiana. A unas semanas del sismo, los tambores de guerra de la sociedad han vuelto a escucharse en torno a la sucesión presidencial del 2018.