• 13-dic-2019.

“El hombre más extraordinario”

Guadalupe Jiménez Codinach
“…y de tal suerte se aumente el jornal del pobre que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto”.

José María Morelos, Sentimientos de la Nación.

 

Con estas palabras describe a José María Morelos el historiador Lucas Alamán. Este distinguido historiador decimonónico nos relata la vida de este caudillo desde su nacimiento un 30 de septiembre de 1765 en Valladolid de Michoacán. Su padre era de condición humilde y de oficio carpintero; su madre era hija de un maestro de escuela. Durante su juventud José María trabajó como vaquero; conservaba una cicatriz en la nariz por el golpe que le había proporcionado un toro.

Morelos ingresó al seminario de Valladolid. Entre sus maestros figuró el padre Miguel Hidalgo y Costilla. José María nunca destacó como teólogo ni perteneció al clero más ilustrado; sin embargo, sus ideas y sus acciones inspiraron a decenas de eclesiásticos durante la guerra de independencia. Ordenado sacerdote en diciembre de 1797, a la edad de treinta y dos años, Morelos fue nombrado cura interino de Carácuaro, una parroquia nada fácil. Sus feligreses se quejaron de él por malos tratos y él de ellos por su pereza e insolencia.

Estando en Carácuaro, a principios del mes de octubre de 1810, José María Morelos tuvo noticias de la insurrección encabezada por Hidalgo, su antiguo maestro. Aquél se dirigió a Charo donde habló con el padre Hidalgo para incorporarse al movimiento. A finales de octubre, Morelos abandonó su curato para incorporarse al movimiento rebelde y jamás volvió a ejercer su labor parroquial.

Con la fe y fortaleza de espíritu que lo caracterizaba, Morelos nunca se doblegó ante la adversidad. A las críticas de sus compañeros respondía: “Y si no fuera arrogancia, añadiría que aún queda un pedazo de Morelos y Dios entero”.

Más humilde, en 1813, Morelos pidió para él el título de “Siervo de la Nación”. El caudillo insurgente se describió a sí mismo de la siguiente manera: “Soy un hombre miserable, más que todos, y mi carácter es servir al hombre de bien, levantar al caído, pagar al que no tiene con qué y favorecer con cuanto pueda de mis arbitrios al que lo necesita, sea quien fuere”.

Poco antes de perder la vida, Morelos escribió estas palabras a su hijo Juan Nepomuceno: “Morir es nada cuando por la patria se muere”.

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “'El hombre más extraordinario'” de Guadalupe Jiménez Codinach y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 5.

 

 

 

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