A lo largo de su vida, Pérez Prado grabó más de doscientos discos y compuso tantos mambos que perdió la cuenta. Su pieza Patricia formó parte de la banda sonora de la película La dolce vita (Fellini, 1959) y él se presentó en Japón, Alemania, Marruecos, Estados Unidos y diversos países de Sudamérica. Fue sepultado en una modesta tumba en el Panteón de Dolores, en Ciudad de México. El gran compositor ruso Ígor Stravinski se refirió al ritmo y orquestación de Dámaso como “una explosión musical solo digna de un genio”.