Esta inmensa mole de concreto que fuera testigo de la matanza del 2 de octubre de 1968, fue erigida como parte del Conjunto Urbano Nonoalco-Tlatelolco, de moderna y funcional arquitectura ideada por Mario Pani. En palabras del escritor Carlos Monsiváis, esta zona habitacional representaba “la utopía del México sin vecindades”.