Cine mexicano

  • Permanencia voluntaria

    Permanencia voluntaria

    Y otras antiguas costumbres en el cine

    Marco A. Villa

    Sin duda, entre lo que más se extraña del cine es la permanencia voluntaria, establecida como una estrategia comercial desde el mismo año en que inició la Revolución en nuestro país, extendiéndose hasta la última década del siglo pasado. Hoy es difícil concebir que el costo de un solo boleto alguien podía ver dos o más filmes del momento, pero por décadas fue posible.  

  • Los últimos coñacs de Guty Cárdenas

    Los últimos coñacs de Guty Cárdenas

    Ricardo Lugo Viñas

    Con apenas veintiséis años, guapo, atleta y talentoso, Guty estaba en el cenit de su carrera artística.

  • ¡Vamos al cine! Les recomendamos “Actas de Marusia”

    ¡Vamos al cine! Les recomendamos “Actas de Marusia”

    (Miguel Littin, 1975)

    Marco A. Villa

    Rufino Gómez Peralta cayó abatido por los disparos de la tropa. La ley fuga que le aplicaron, lo dejó tendido sobre la arena del desierto que, empujada por una leve ventisca, cubrió tenuemente su cuerpo y se amontonó en sus heridas.

  • ¡Vamos al cine! Les recomendamos “Los hijos de Sánchez”

    ¡Vamos al cine! Les recomendamos “Los hijos de Sánchez”

    (Hall Bartlett, 1978)

    Marco A. Villa

    Jesús Sánchez vivía hacinado con sus cuatro hijos, nietos y pareja en turno en un espacio cuya escasa amplitud era fácilmente depredada por el hacinamiento. Compartían desde la falta de privacidad y los alimentos, hasta los sueños de por fin acabar con la miseria.

  • Casarín, el Atlante y el cine

    Casarín, el Atlante y el cine

    Gerardo Díaz

    Los fieles atlantistas los acompañaban a todos lados y el equipo comenzó a jugar muy bien, a tal grado que varios inversionistas pensaron en un proyecto que unificara el cine y el futbol. Así, en 1944 Casarín debutó, sin proponérselo, como actor de cine.

  • ¡Vamos al cine! Les recomendamos “Confidencias de un ruletero”

    ¡Vamos al cine! Les recomendamos “Confidencias de un ruletero”

    (Alejandro Galindo, 1949)

    Marco A. Villa

    Muchas cosas he visto y oído. Mi asiento de atrás es sofá y es confesionario, todo el día arrastro penas y alegrías. ¡Cuántas viejas no he visto chillar!”, exclama Lauro Escamilla y Cejudo, quien al mando de su adorado carcamán recorre las tumultuosas calles de la boyante Ciudad de México de mediados del siglo XX.

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