Antonio Rubial García

  • La dramática vida de Tecuichpo-Isabel Moctezuma

    La dramática vida de Tecuichpo-Isabel Moctezuma

    De México-Tenochtitlan a la Nueva España

    Antonio Rubial García

    Muy poco sabemos sobre la infancia de Tecuichpo (“copo de algodón” en náhuatl), nacida alrededor de 1509 (un año nahui calli, 4 casa, según...

  • LA MALINCHE, CACICA FUNDADORA DE LA NUEVA ESPAÑA

    LA MALINCHE, CACICA FUNDADORA DE LA NUEVA ESPAÑA

    El imaginario indígena

    ANTONIO RUBIAL GARCÍA

    Durante el siglo XVI, Malintzin no fue recordada como traidora, eso fue un invento del siglo XIX. Por el contrario, en múltiples representaciones indígenas y...

  • Marina después de Tenochtitlán

    Marina después de Tenochtitlán

    Su destino, maternidad y herencia

    ANTONIO RUBIAL GARCÍA

    No nos es ajeno el papel fundamental que desempeñó Malintzin como intérprete, sabia consejera y diplomática, durante el proceso de la conquista de Tenochtitlán. No fue...

  • Malintzin contada por sí misma

    Malintzin contada por sí misma

    ANTONIO RUBIAL GARCÍA

    Es, quizá, el relato que todos quisiéramos escuchar. Sin embargo, no contamos con testimonios directos que nos permitan conocer la forma en que...

  • El ermitaño Gregorio López, una santidad cuestionada

    El ermitaño Gregorio López, una santidad cuestionada

    Antonio Rubial García

    A orillas de lo que fue el antiguo pueblo de Santa Fe en Cuajimalpa, no muy lejos del impresionante desarrollo urbano formado por modernos edificios y centros comerciales al poniente de la Ciudad de México, se encuentra una pequeña ermita cercana a la fuente de agua que abasteció a la capital desde la época colonial. En ella habitó en las últimas décadas del siglo XVI Gregorio López, un personaje hoy casi olvidado, pero cuya vida y actuación fueron muy difundidos a lo largo de los siglos virreinales, pues en el XVII se le inició un proceso de beatificación en Roma.

  • Nuestra Señora de la Luz

    Nuestra Señora de la Luz

    Yolanda Yépez Silva

    La advocación de Nuestra Señora de la Luz es un culto jesuita llegado del Viejo Continente a Nueva España hacia el primer tercio del siglo XVIII. En el origen de esta devoción a la Virgen está la revelación que tuvo una beata italiana a petición de un miembro de esta orden, Juan Antonio Genovese, quien deseaba contar con una imagen de la Madre de Cristo para que fuera patrona de las misiones jesuitas y llevara la luz verdadera a los feligreses para que no perdieran el camino a la salvación, “es decir, la luz auténtica, la que disipa las tinieblas de la noche, frente a la luz engañosa de la razón ilustrada”, según el historiador Enrique Giménez López. En el relato –expone la también historiadora Janeth Rodríguez Nóbrega–, María se aparece a la mística, quien dicta la idea o guía la mano del pintor para que su lienzo sea lo más cercano a lo que solicita la Virgen.

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