Malintzin contada por sí misma

ANTONIO RUBIAL GARCÍA

Es, quizá, el relato que todos quisiéramos escuchar. Sin embargo, no contamos con testimonios directos que nos permitan conocer la forma en que ella se nombraba a sí misma en su lengua de origen. La ausencia de fuentes producidas por la propia Malintzin limita cualquier intento de reconstrucción de su relato desde su propia perspectiva. La mayor parte de lo que sabemos proviene de crónicas y documentos redactados en castellano, elaborados por conquistadores, cronistas y, posteriormente, historiadores. Estas versiones, mediadas por intereses políticos, culturales y coloniales, configuran una imagen fragmentaria y, en muchos casos, sesgada de su figura.

La historia de Malintzin comienza con una ausencia: su nombre original. Antes de ser bautizada como Marina por los españoles, su identidad lingüística se pierde. Lo que hoy conocemos como “Malinche” no es más que una deformación sucesiva: Marina → Malina (adaptación náhuatl) → Malintzin (con sufijo reverencial) → Malinche (castellanización). De hecho, Malinche también es Hernán Cortés, una deformación de → Malintziné, que quiere decir “el poseedor de Malintzin”. Más tarde, el siglo XIX le añadiría el artículo “la”, cargando el nombre de un matiz despectivo. 

Una vida narrada por otros

Ese mismo desconocimiento de su nombre original es lo que afecta a las escasas noticias sobre su infancia y juventud. Lo poco que sabemos proviene de relatos tardíos, interpretaciones y documentos indirectos. El principal relato sobre su vida proviene de Bernal Díaz del Castillo, quien afirma haber conversado extensamente con ella, teniendo en cuenta que, la información que recibió de ella la interpretó y la tamizó. Sin embargo, su testimonio no es neutral: está filtrado por su visión del mundo, sus valores y su necesidad de dar sentido a la conquista. Nos muestra principalmente, su papel como intérprete y consejera de Cortés. 

A partir de su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, los historiadores han reconstruido la biografía de Malintzin. A ello se suman documentos legales del Archivo General de Indias, especialmente aquellos relacionados con disputas por su herencia.

Es decir: su vida no nos llega directamente, sino mediada por crónicas, juicios y relatos interesados.

El problema de su origen y por quiénes ha sido narrado

Según Bernal (capítulo XXXVII), doña Marina -nombre con el que fue bautizada- era una “gran señora y cacica de pueblos y vasallos”, de un señorío llamado Painalá.

En el siglo XVIII, el jesuita Francisco Xavier Clavijero señaló que Malintzin era hija de un señorío en la región de Coatzacoalcos, posiblemente en Olotlan. Tras la muerte de su padre, su madre la habría vendido a mercaderes de Xicalanco para favorecer a un hijo varón. Esta referencia ha sido considerada la más aceptada, debido a que era zona fronteriza donde se hablaba olulteca, náhuatl y maya chontal, las tres lenguas que ella dominaba. 

Pero este relato plantea dudas.

De Xicalanco, pasó a unos caciques de Tabasco, de Potonchán, quizá como esclava. El propio cronista de la conquista, compara su historia con la del personaje bíblico Jacob, vendido por sus hermanos. ¿Es esto un reflejo fiel de su pasado o una reinterpretación que adapta su historia a un marco comprensible para los españoles de aquella época? 

Incluso cabe la posibilidad de que la propia Malintzin haya construido ese relato para presentarse como noble, elevando su estatus ante sus interlocutores europeos.

Lenguas y desplazamientos

Más allá del origen, hay un hecho más sólido: su capacidad lingüística. Malintzin hablaba náhuatl, maya chontal y olulteco, se cree que esa era su lengua materna. Esa habilidad no solo sugiere un origen en una región fronteriza, sino también una vida marcada por el desplazamiento.

Su paso por Xicalanco —un importante centro comercial— y posteriormente por Tabasco, antes de ser entregada a los españoles en 1519, refuerza esta idea de tránsito constante.

Una biografía hecha de fragmentos

No tenemos su voz, pero sí muchas versiones de ella. Otro clásico consultado son las Cartas de Relación de Cortés, donde hace alusiones muy tangenciales reconociéndola como ‘colaboradora’ y ‘su lengua’; así como el nombramiento de encomiendas, una vez que Marina, fue casada. Así, cada época ha reconstruido a Malintzin según sus propias preguntas: como noble, como esclava, como intérprete, como símbolo. Quizá el primer paso para entenderla no sea escucharla —porque no podemos—, sino reconocer quiénes han hablado por ella.

El episodio por el que Malintzin irrumpe en el curso de la historia, fue narrado por Antonio de Solís, cuando interviene entre los enviados de Moctezuma y Jerónimo de Aguilar, el día que se convirtió en interprete. ¿Quieres saber cómo sucedió? Consulta el artículo completo de la edición de abril de Relatos e Historia, de la pluma de Antonio Rubial. 

¿Cómo citar este artículo?
Antonio Rubial García, “Malinche. Su historia y su leyenda”, Relatos e Historias en México, núm. 210, Abril, 2026, pp. 30-49.