La lucha por el norte contra los franceses

Monterrey, 25 de noviembre de 1865
franceses

Gerardo Díaz

Durante la Segunda Intervención francesa, las fuerzas invasoras ejecutaban a la perfección cada misión encomendada por sus superiores. De entre ellas destacó la llamada Legión Extranjera, comandada por el coronel Pierre Jeanningros; sus más de 2,000 elementos fueron fundamentales para vencer en la campaña de Oaxaca a Porfirio Díaz y asegurar las rutas de suministros más importantes para las fuerzas del Imperio de Maximiliano. Ante los ojos republicanos, tenían una férrea disciplina y valor que los hizo temibles.  Una fama comprobada en distintos encuentros, como la batalla de Camarón de abril de 1863 (véase Relatos e Historias en México, núm. 116), en la cual 65 de sus soldados lucharon hasta extinguirse contra una fuerza muy superior.

En enero de 1865, ese contingente se desplegó escalonadamente hacia el norte del país para arrebatarlo de las manos juaristas. Sus dos batallones eran poderosos, pero, conscientes del tamaño del escenario de la guerra y su necesaria dispersión, el mando lo reforzó con un tercero y los reorganizó. Jeanningros, ya embestido como general, desarrolló así un cuerpo  de contraguerrilla, cazadores de África a caballo y una sección de artillería de montaña con refuerzos llegados al teatro de operaciones mexicano en abril de ese mismo año.

El plan para acorralar a los republicanos dispuso la toma coordinada de Saltillo, con elementos provenientes de Durango y San Luis Potosí, el refuerzo de las tropas imperialistas mexicanas del general Tomás Mejía –ubicadas en Matamoros– y el posicionamiento en Monterrey,  sin dar oportunidad de retorno a las fuerzas juaristas del general Mariano Escobedo.

[…] los extranjeros, que se quejaron de la falta de gallardía mexicana para hacerles frente, mientras que los nacionales entendieron que asestar pequeños golpes de un sitio a otro los fortalecía día a día, sin importar la falta de control de las principales poblaciones norteñas.

Jeanningros se enteró de la estancia del presidente Benito Juárez en Monclova y decidió realizar un movimiento contundente y poderoso, pero infructuoso. Se  desplazó con una cantidad significativa de la Legión, esperando terminar la guerra de una vez por todas con un golpe decisivo a la República, aunque eso debilitó las plazas bajo su dominio. 

En Monterrey dejó una fuerza nada despreciable de 1,000 elementos, bajo el mando del coronel mexicano Julián Quiroga y sus adeptos al Imperio. Escobedo, Francisco Naranjo y Gerónimo Treviño realizaron entonces una jugada audaz para capturar la ciudad: con unas fuerzas proporcionales a las de su enemigo, se atrevieron al ataque el 23 de noviembre de 1865, en lugar de dirigirse a asistir a don Benito. En lo que hoy es la zona urbana de Guadalupe, la caballería mexicana fue fundamental para hacer retroceder a los imperialistas hasta el centro. Además, el 24 de noviembre Escobedo organizó tres columnas de infantería para atacar simultáneamente la ciudad y destruir sus improvisados reductos. Los imperialistas enviaron desesperados correos de auxilio. En un par de horas, los generales republicanos entraron a la ciudad, aunque Quiroga logró refugiarse en el fuerte de la Ciudadela, bien aprovisionado con municiones y artillería. Desde Saltillo, se improvisó el rescate. ¿Cómo fue el desenlace, quiénes se quedaron esa noche en la ciudad? Descúbrelo en el artículo completo.
 
 

¿Cómo citar este artículo?
Gerardo Díaz “La lucha por el norte contra los franceses. Monterrey, 25 de noviembre de 1865”, Relatos e Historias en México, núm. 211, Mayo, 2026, pp. 20-23.