Justo Sierra. “Liberal conservador”

Ma. Eugenia Aragón Rangel

Desde 1881, Justo fue quien más abogó por la creación de una universidad nacional, plan que consumó hasta 1910. El actual Museo de la Autonomía Universitaria, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, fue la primera sede de esa institución.

 

Desilusionado de la vieja guardia liberal representada por Lerdo de Tejada, con una dudosa esperanza por la reconstrucción del país y la plena seguridad de ser la paz una necesidad inaplazable como condición precisa del progreso, distribuyó su tiempo entre su familia, en la que gozaba ya de su primogénita Luz o “Firucha”, y desempeñar una de sus actividades preferidas: la de profesor de historia. Pero una vez que el gobierno del presidente Porfirio Díaz logró imponerse en 1876 y encarrilar al país, su visión fue otra.

Junto con su hermano Santiago y sus inseparables amigos Francisco G. Cosmes, Eduardo Garay y Telésforo García, se comprometieron a coadyuvar al mandatario bajo la perspectiva de poner en marcha una serie de proyectos nacidos de una nueva ideología política, acorde a la voluntad progresista del régimen y que le darían a la República no solo la paz por tanto tiempo anhelada, sino que también la sacarían del marasmo en el que se encontraba. En 1878 crean el diario “liberal conservador” La Libertad, en el que se cifraría la política oficial porfiriana. En palabras de Yáñez:

“El diario representa la madurez de la vida y la obra de Sierra. El repertorio de temas esenciales con los que fecundará el espíritu mexicano, alientan en el nuevo periódico. El pensamiento – principalmente político– alcanza magnitud avasalladora […] expone sus ideas […] y obtiene autoridad rotunda como director de la conciencia nacional […] logra imprimirle un estilo que hará escuela, propio para la comunicación con el pueblo, en el que nunca dejará de ser político, historiador, orador y educador […] lo que al principio pareció audacia de jóvenes terribles […] fue apareciendo como programa del gobierno nacional […] lo que era el propio lema del positivismo, adoptado por doctrina oficial: “Orden y Progreso”.”

Agrega Yáñez que “estas ideas que son en Sierra convicciones consolidaron en buena parte al régimen y lo encauzaron”, aunque precisa que “los excesos y vicios a que llegó no pueden válidamente imputárseles a Sierra y a su grupo”.

 

Si desea leer el artículo completo, adquiera nuestra edición #172 impresa o digital:

“Justo Sierra”. Versión impresa.

“Justo Sierra”. Versión digital.

 

Recomendaciones del editor:

Si desea saber más sobre la historia de México, dé clic en nuestra sección “Justo Sierra”.

 

Title Printed: 

Justo Sierra. La cabeza de la transformación educativa en el Porfiriato