• 26-sep-2021.

El filibusterismo, los gobiernos inestables y las nuevas fronteras

Gerardo Díaz

Tras la pérdida de los territorios norteños en 1848, producto de la agresiva expansión estadounidense, en México se temía que en ese norte prácticamente despoblado se reprodujeran invasiones de colonos armados, quizás amparados en el poderío militar del vecino del norte, e intentaran arrebatar más territorios a la federación.

 

En ese año, cuando se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, también comenzó la llamada fiebre del oro en California (justo unos días antes de que se convirtiera en propiedad de Estados Unidos) y la gigantesca oleada de inmigrantes europeos a las costas del Pacífico, y de especulación de las tierras en la frontera con Baja California.

El mito, con el respaldo de algunos datos, de que en Sonora habría grandes vetas de oro, atrajo a ciertos aventureros con conexiones políticas y comerciales (“caballeros” europeos o norteamericanos en bancarrota) con pequeños ejércitos de aquellos pioneros pobres decepcionados de la fiebre del oro californiano para incursionar por su cuenta en Sonora. Por ello el gobierno de México, enfrascado en las luchas políticas internas y alzamientos militares en el centro del país, intentó como una medida de contrapeso político invitar a inversionistas de diferentes nacionalidades para establecerse en la región, formalizando el establecimiento de sociedades mineras, principalmente francesas, como L’Aurifere, La Californie, La Fortune, Grades Mobiles, Taison d’Or y la Societé du Lingot d’Or.

Algunos de estos “inversionistas”, vestidos elegantemente, que se vanagloriaban de títulos nobiliarios o de gran experiencia comercial, muy pronto “enseñarían el cobre” al fomentar rebeliones catalogadas como filibusterismo por ser invasiones militares en territorio nacional. Es el caso del conde Gastón de Raousset-Boulbon, a quien le fue otorgado el permiso para la explotación de minas en Sonora por el efímero e inestable gobierno de Mariano Arista (1851-1853). Su inversión fue avalada por la Casa Jecker, Torre y Cía., a fin de establecer una colonia con migrantes traídos de San Francisco, pero a los pocos meses el conde entró en combate para ocupar Hermosillo y plantar su bandera. Por supuesto, su rebelión fue aplastada por tropas nacionales, pero, tras ser expulsado, a los dos años regresó con nuevas fuerzas y la misma intención, y al final fue fusilado.

 

Gerardo Díaz. Licenciado en Historia por la UNAM. Estudia el posgrado en la misma institución y se dedica a la docencia a nivel medio superior. Se ha especializado en historia militar mexicana, ha colaborado en diversas publicaciones y participado como investigador icongráfico en varias obras históricas.

 

Díaz, Gerardo. “El filibusterismo”, Relatos e Historias en México, núm. 142. Pp. 48-49.

 

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