Bachiller, licenciado y doctor son tres términos que hoy identificamos sin mayor esfuerzo con etapas del sistema escolar mexicano, con títulos que se cuelgan en las paredes de los consultorios y los despachos, con grados que se persiguen entre libros, exámenes y desvelos. Pero ¿cómo sería para un estudiante de la Real y Pontificia Universidad de México del siglo XVII, o incluso del primer México independiente?
La Real y Pontificia Universidad de México, fundada por cédula real en 1551 como extensión directa del modelo de Salamanca, reprodujo el sistema medieval en tierras americanas. Por ende, la organización de los saberes seguía el esquema de las universidades medievales: cuatro facultades mayores (Teología, Cánones, Leyes y Medicina) y una menor de Artes, antesala obligatoria de todas las demás. Ésta última, además, fungía como puerta obligada para cualquier otra carrera y los estudiantes recorrían los saberes del trivium (gramática, lógica y retórica) y el quadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía).
Así, en la universidad novohispana, el grado de bachiller era el primero de tres escalones; pero no era, como hoy, el grado que acredita haber terminado una carrera. Era, en cambio, una habilitación para ejercer la docencia en los niveles inferiores de la corporación universitaria. El bachiller en Artes podía enseñar gramática y filosofía; el bachiller en Teología podía sustituir a un catedrático, pero lo que no podía hacer, en principio, era ejercer libremente su profesión: eso lo habilitaba el grado de licenciado, que era el segundo escalón en orden de importancia. El tercero era el de doctor. La distinción entre bachiller y licenciado era, entonces, mucho más que jerárquica: era funcional. El doctorado, en cambio, tenía una función honorífica y corporativa: era el grado de los que dirigían la universidad, de los que ocupaban las cátedras más importantes, de los que representaban a la institución ante las autoridades civiles y eclesiásticas. Un doctor del siglo XVI difícilmente habría reconocido como par a un doctor del siglo XXI.
¿Pero qué implicaba y quiénes podían acceder a esos grados académicos? Termina de leer el artículo en nuestra revista.
¿Cómo citar este artículo?
Marco A. Villa “Bachiller, licenciado o doctor: antiguos títulos académicos y sus equivalencias actuales”, Relatos e Historias en México, núm. 211, Mayo, 2026, pp. 18-19.

