Ricardo Lugo Viñas

  • Kingo Nonaka

    Kingo Nonaka

    enfermero en las tropas Maderistas

    Ricardo Lugo Viñas

    ...

  • Jack Kerouac en busca del México subterráneo

    Jack Kerouac en busca del México subterráneo

    EL POETA DEL JAZZ

    Ricardo Lugo Viñas

    Junio de 1950. Un viaje nada planeado. Unos cuantos dólares en la cartera. Jack Kerouac –cuyo nombre de pila fue Jean-Louis Lebris de Kérouack–, Neal Cassady y...

  • La catástrofe de Chernóbil y su resonancia en México

    La catástrofe de Chernóbil y su resonancia en México

    Leche en polvo radioactiva 

    Ricardo Lugo Viñas

    En punto de la medianoche de aquel naciente día, en la Central Nuclear Vladímir Ilich Lenin –también conocida como Central Nuclear de Chernóbil–, ubicada al...

  • “Un hombre que sabe cantar es un hombre que sabe pensar”

    “Un hombre que sabe cantar es un hombre que sabe pensar”

    La vida en el exilio de Adolfo de la Huerta

    Ricardo Lugo Viñas

    El prestigio de Adolfo de la Huerta lo llevó a impartir clases a personajes afamados que por diferentes circunstancias se encontraban bloqueados en el arte de cantar. Entre ellos, el hijo del tenor Enrico Caruso. Muchos alumnos desconocían que ese simpático cantante que tenían como maestro participó en primera línea en la Revolución mexicana; a tal grado, que fue uno de los tres hombres del llamado grupo sonorense que llegó al poder.

  • Una casona exhibicionista y una condesa resucitada

    Una casona exhibicionista y una condesa resucitada

    Ricardo Lugo Viñas

    Sobre la avenida Madero –que antes se llamó San Francisco, en el Centro Histórico de la Ciudad de México– se levanta una de las casonas más notables de la ciudad, cuya historia se remonta a los primeros años del siglo XVI y de la cual se podría escribir un libro: la Casa de los Azulejos.

  • La digna actitud del embajador japonés durante el cuartelazo de 1913

    La digna actitud del embajador japonés durante el cuartelazo de 1913

    Kumaichi Horiguchi

    Ricardo Lugo Viñas

    Al comenzar la Decena Trágica en febrero de 1913, el embajador japonés Kumaichi Horiguchi acudió a Sara Pérez, esposa del presidente Madero, quien le comentó que su esposo salió escoltado por cadetes. El japonés manifestó su preocupación y ofreció a los Madero su residencia, la embajada de Japón, como refugio. Consumado el golpe de Estado, Horiguchi pidió ver a Madero y Huerta se lo concedió. Le indicó que su familia estaba a salvo. Tres días después se enteró del asesinato del presidente. Él y otros embajadores presionaron para que el cadáver fuera entregado a su viuda.

  • Pages