En diciembre de 1913, agentes del gobierno de Victoriano Huerta rodearon una casa en la calle Gelati, en Tacubaya. Buscaban a una mujer: una maestra. La interrogaron durante once horas. No tenían cargos formales contra ella, pero sabían que representaba un problema político. Se trataba de
María Arias Bernal
una de las figuras más activas de la resistencia civil maderista en la Ciudad de México. Aunque no participaba en acciones armadas ni conspiraciones clandestinas, le llamaron “María Pistolas”. Su carácter de liderazgo entre maestras, obreras y asociaciones femeninas la había convertido en una presencia incomoda constante para el régimen huertista.
Una educadora formada en el civismo
María de la Luz Arias Bernal nació el 13 de septiembre de 1884 en la Ciudad de México. Era la menor de siete hijos de una familia originaria del valle de Toluca. Creció en una época en la que el Estado liberal fomentaba intensamente los rituales cívicos. Desde niña asistió a ceremonias patrióticas que marcaron su formación: la exhibición de las reliquias de los héroes de la Independencia, las conmemoraciones en honor a Benito Juárez o el traslado de la campana de Dolores a Palacio Nacional, que el presidente Porfirio Díaz hizo sonar en 1896 ante una multitud reunida en el Zócalo. Aquella educación cívica, dentro de las aulas y en los actos públicos, dejó una profunda huella en la joven y futura maestra.
En 1910 se tituló de la Escuela Normal y formó parte del primer cuerpo docente de la Escuela Nacional Primaria Industrial para Niñas Corregidora de Querétaro, inaugurada ese mismo año por el ministro de Instrucción Pública Justo Sierra. El proyecto educativo del plantel era innovador: combinaba enseñanza académica con formación técnica para que las alumnas pudieran aprender oficios y sostenerse por sí mismas. Allí, Arias Bernal destacó por su capacidad pedagógica y su liderazgo, cualidades que incluso le valieron la subdirección del establecimiento.
Maderista hasta el tuétano
Cuando el movimiento encabezado por Francisco I. Madero cuestionó la reelección de Porfirio Díaz, muchas maestras vieron en él la posibilidad de transformar la sociedad mediante la educación. María fue una de ellas. Durante el breve gobierno maderista impulsó iniciativas educativas para mujeres trabajadoras. En la escuela que dirigía se estableció una escuela dominical para obreras, impulsada por la activista Elena Arizmendi y apoyada por Sara Pérez Romero, esposa del presidente. La idea era sencilla pero revolucionaria: enseñar lectura, escritura y aritmética a mujeres que trabajaban largas jornadas y rara vez tenían acceso a la educación. El proyecto reflejaba la convicción de María y Elena, de que la educación femenina era una condición indispensable para el progreso social.
Todo cambió en febrero de 1913. Durante la crisis política que culminó con la caída de Madero, Arias Bernal intentó visitarlo en Palacio Nacional junto a la maestra Eulalia Guzmán. Querían saber qué ocurría con el presidente detenido. No lograron verlo. Al día siguiente, la noticia del asesinato de Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez sacudió a la ciudad. Para María, aquel crimen marcó un punto de no retorno. Poco después comenzó a organizar reuniones públicas en los panteones donde habían sido enterrados los líderes maderistas. Esos encuentros, que en apariencia eran actos conmemorativos, también servían como discurso político: mantener viva la memoria del gobierno derrocado.
El Club Femenil Lealtad
De esas reuniones surgió el Club Femenil Lealtad, una organización que reunía a maestras, obreras y ciudadanas comprometidas con la causa democrática. Las integrantes organizaban procesiones cívicas desde el centro de la ciudad hasta el panteón Francés y al Español, depositaban ofrendas florales en la tumba de Madero y Pino Suárez, realizaban actos conmemorativos cada aniversario de sus nacimientos y asesinatos. En un contexto de censura y persecución política, estas ceremonias tenían un profundo significado: reivindicaban el valor de la lealtad a la democracia frente al golpe militar.
Cuando el Ejército Constitucionalista entró a la Ciudad de México en agosto de 1914, el general Álvaro Obregón acudió a rendir homenaje a la tumba de Madero en el panteón Francés. María Arias Bernal pronunció un discurso frente a la sepultura. Entonces ocurrió un gesto simbólico que se volvería célebre. Según el periodista Alfonso Taracena, Obregón desenfundó su revólver y se lo entregó a la maestra mientras decía: El gesto buscaba reconocer el papel de las mujeres en la resistencia contra el huertismo. Pero sus adversarios políticos lo utilizaron para ridiculizarla. Desde entonces comenzó a circular un apodo: “María Pistolas”.
Dirigente, Directora y promotora de la educación femenina
Tras el triunfo constitucionalista, el gobierno de Venustiano Carranza nombró a Arias Bernal directora de la Escuela Normal para Maestras. Desde ese cargo impulsó proyectos educativos y participó en el Consejo de Educación Pública junto a figuras como José Vasconcelos, Isidro Fabela y Luis Cabrera Lobato. En 1916 también fundó la Gran Confederación Femenil Mexicana, desde la cual promovió la ampliación de la educación para las mujeres y su participación en la vida pública.
Los conflictos políticos de la revolución obligaron a Arias Bernal a exiliarse durante algún tiempo en Estados Unidos, donde estudió métodos pedagógicos modernos en ciudades como Boston y Nueva York. A su regreso continuó su labor educativa y fundó escuelas rurales y bibliotecas en el Estado de México. Sin embargo, su vida fue corta. Murió el 6 de noviembre de 1923, a los 39 años, a causa de una enfermedad pulmonar. Con el tiempo, su nombre quedó casi olvidado. Hoy apenas algunas escuelas llevan su nombre, y pocas personas recuerdan que fue ella —y no otros líderes revolucionarios— quien impulsó que la antigua calle de San Francisco y Plateros pasara a llamarse:
AVENIDA FRANCISCO I. MADERO
La historia de María Arias Bernal recuerda que la Revolución Mexicana no sólo se libró en los campos de batalla. También hubo mujeres que, desde las aulas, las calles, los rituales cívicos y hasta en el exilio, defendieron la memoria de la democracia cuando hacerlo implicaba persecución, cárcel y riesgo personal, porque la LEALTAD a los ideales es primero.
Lee el artículo completo en “María Arias Bernal y su incansable labor por la educación de las mujeres” en la Revista Relatos e Historias de México, número 209 https://tienda.raices.com.mx/products/disruptivas-y-revolucionarias
También disponible en su versión digital: https://tiendadigitales.raices.com.mx/library
La maestra que desafió al régimen de Huerta
