• 9-abr-2020.

¡Vamos al cine! Les recomendamos “Ora sí: ¡tenemos que ganar!”

Marco Villa

Con el cuento “El apóstol” de Ricardo Flores Magón como telón de fondo, esta cinta de 1978 recrea las luchas mineras de principios del siglo XX que antecedieron a la Revolución mexicana, pero bajo la visión renovada que artistas, intelectuales e historiadores dieron a esos acontecimientos en los años setenta.

 

 

“Esta vida de minero de nada vale. Y como dice don Práxedis: vivir para ser libres, o morir para dejar de ser esclavos”, arguye un desolado trabajador de esta industria ante sus compañeros, con quienes intercambia razones para hacerse de valor y atender el llamado de las armas contra los dueños y capataces que les explotan, cobijados por el gobierno presidencial de Porfirio Díaz. Influidos por las arengas de un personaje al que llaman Apóstol y por los ideales de lucha de Ricardo Flores Magón plasmados en la propaganda impresa de la primera década del siglo XX, esta conversación la sostienen mientras descienden a una mina en un derruido cajón movido con poleas, con la convicción de encontrar a sus compañeros que habían quedado sepultados luego de una explosión.

 

Ante tal escenario, el empresario estadounidense y dueño de la mina, míster Creel –quien guarda cierta semejanza con William C. Greene, propietario de la Cananea Consolidated Copper Company, involucrada en los violentos enfrentamientos de la huelga de Cananea de 1906–, se niega terminantemente a proseguir con los trabajos de rescate, argumentando que le acarrearía costos que no podría solventar. Por tal motivo, los mineros del pueblo y sus familiares se organizan de manera clandestina para luego amotinarse contra el abusivo mandamás, en lo que representa una versión triunfalista de la revolución organizada, protagonizada por los grupos oprimidos o explotados.

 

En Ora sí: ¡tenemos que ganar!, el personaje del Apóstol, un agitador de origen burgués, fue tomado del cuento homónimo escrito por Flores Magón, cofundador del Partido Liberal Mexicano. El texto se publicó el 7 de enero de 1911 en el periódico Regeneración (en línea: https://goo.gl/TH4aDw), impreso que fungió como una de las voces más importantes de la clase obrera de varias partes del país en aquella época.

 

Esta película sobresalió entre las de su tiempo, al punto de ser galardonada en 1982 con cuatro de los más importantes Arieles de entre nueve nominaciones: Mejor Película, Dirección, Fotografía y Edición.

 

Su realizador, el capitalino Raúl Kamffer (1929-1987), fue parte de la primera generación del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, que en 1963 inició labores en su sede de la colonia del Valle de la Ciudad de México. Poco tiempo después, los alumnos de esa institución irrumpieron en la cinematografía nacional con sus primeras producciones, las cuales destacaron por reflejar cierta conciencia social; para muestra, las elucubraciones sobre la situación de las clases obrera, campesina, burguesa y militar que Kamffer, también coguionista, alude en su filme. Así, tanto la UNAM como el director se distanciaron de la producción comercial que por entonces ponía en las marquesinas de los cines una cantidad prolífica de películas de ficheras, albures, y hasta los westerns o policiacas de los Almada.

 

Finalmente, de Ora sí: ¡tenemos que ganar! cautivan los parajes donde fue rodada: el complejo minero hidalguense de Real del Monte, así como el poblado contiguo que hoy goza de la clasificación de Pueblo Mágico gracias a su frondosa fisonomía que mezcla lo colonial con la espectacular naturaleza propia del bosque mexicano y sus formaciones rocosas. A la par, sobresalen las empinadas calles que todavía transpiran el esplendor de las ricas vetas de plata cuya explotación e industrialización dieron realce al lugar desde tiempos novohispanos, mas no las mejores condiciones de vida para los trabajadores de principios del siglo XX, de acuerdo con lo que cuenta esta cinta que esperamos disfrute.

 

 

Este artículo breve del autor Marco Villa se publicó íntegramente en Relatos e Historias en México, número 106.