• 27-sep-2021.

Una guerra contra Estados Unidos en plena Revolución Mexicana

Leonardo Jiménez

Las fuerzas federales acantonadas en Veracruz dispusieron su defensa junto con decenas de civiles que tomaron las armas para contener la invasión.

 

La toma del puerto

El 21 de abril, a las 8:00 horas, el almirante estadounidense Frank Fletcher recibía la orden: “Capturen la aduana, no permitan que los pertrechos de guerra lleguen a Huerta o alguna otra partida”. Con ello, los buques Florida, Utah y Prairie, que sumaban 1,289 hombres, se prepararon para la acción. Lo único que inquietaba a Fletcher de las defensas mexicanas era el fuerte de San Juan de Ulúa –con capacidad torpedera–, la Escuela Naval y el apoyo popular.

El objetivo de la operación era dividir al puerto en sectores norte y sur. A las 11:40 fue “tomado” el consulado estadounidense, punto desde el que se mandaron las coordenadas para que los cañones impactaran contra el malecón. El cónsul William Canada observaba todo desde el techo con sus binoculares. La defensa en Veracruz incluía tropas federales y civiles. Estos últimos quizá pertenecían a la sociedad de los defensores del puerto, que brindaba instrucciones para reaccionar ante posibles desembarcos extranjeros.

El teniente coronel Manuel Contreras distribuyó entre la población 440 rifles máuser y Winchester, y la situó rumbo al muelle, por la avenida 5 de Mayo, y en la esquina de Emparán e Independencia. Ahí quedarían a la espera de los invasores, los que no tardaron en arribar. Los yanquis fueron recibidos con disparos desde los techos de las casas, campanarios, ventanas de hoteles, lo que los obligó a protegerse y a alzar barricadas improvisadas. Por su parte, sus escuadrones tácticos de ametralladoras se colocaban en las intersecciones más importantes. Emplazar la cabeza de playa no sería tan fácil.

El encargado militar de la plaza, el general Gustavo Maass, disponía de mil hombres de poca profesionalidad militar, a quienes ordenó resguardar todo el material ferroviario, al tiempo que comisionó a un regimiento de infantería tomar la avenida Independencia que daba al muelle de la terminal, para evitar el desembarco y proteger la comandancia militar. Fue demasiado tarde: los yanquis habían asegurado sus posiciones. Horas más tarde recibió de Aureliano Blanquet, secretario de Guerra y Marina, la orden de retirarse a Tejería, ubicada a diecisiete kilómetros.

Mientras los estadounidenses desembarcaban y tomaban posiciones, los tenientes mexicanos David Coello y Juan de Dios Bonilla repartieron fusiles con cincuenta cartuchos a los 71 cadetes de la Escuela Naval, que para la defensa ocuparon posiciones en la parte alta de esta, así como en dormitorios y balcones, improvisando parapetos con camas y bancos. En total, la escuela era defendida por 128 valerosos hombres.

Durante el intercambio de balas, el cadete Virgilio Uribe cayó acribillado. El teniente de artillería José Azueta, hijo del comodoro Manuel Azueta, en lugar de retirarse con el general Maass, emplazó una ametralladora Hotchkiss en la esquina de Esteban Morales y Landero (protegido por un poste de luz), pero murió el 10 de mayo a consecuencia de los disparos recibidos.

La madrugada del día siguiente, 22 de abril, los estadounidenses recibieron tres mil refuerzos. El puerto fue iluminado por reflectores que provenían de los barcos que llegaron en apoyo a las tropas terrestres, las que a su vez se cuidaban de los disparos de improvisados francotiradores.

Al amanecer, Fletcher expidió una nueva disposición: control total de la ciudad y restauración del orden, lo que implicaba ir de casa en casa. Civiles y propiedades pagarían las consecuencias. Las calles de Lerdo, Zamora, Betancourt y Arista fueron las rutas elegidas para dar el golpe final a la ciudad y tomar la casa de gobierno.

Las acciones de ese día comenzaron casi a las ocho de la mañana y terminaron a las diez. En solo dos horas los norteamericanos mostraron su superioridad militar. El historiador estadounidense Robert Quirk estima que al menos doscientos mexicanos murieron –la mayoría civiles– y trescientos fueron heridos. Del lado opuesto, los norteamericanos registraron 19 muertos y 47 heridos.

 

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Title Printed: 

La invasión a Veracruz de 1914