Una exploración exhaustiva entre la historiografía y las fuentes de Archivo de regiones del Norte de México, de cuatro ciudades: tres nacidas en áreas de base agrícola (Ciudad Obregón, en el valle del Yaqui, y la dupla lagunera Torreón/Gómez Palacio), y Monterrey, entre 1931-1950. En este artículo, el lector podrá encontrar una muestra de lo que contienen algunos archivos del norte de México sobre comprobables actividades empresariales de mujeres, con especial atención en quienes han creado, financiado y dirigido empresas; lo cual puede ayudarnos a identificar hasta qué punto esos archivos ratifican o modifican parcialmente lo señalado en no pocos trabajos en torno a la mujer y su actividad empresarial, desde finales del siglo XIX y durante el siglo XX. Asimismo, el autor propone que esta información se integre a posibles debates y estudios históricos basados, precisamente, en fuentes documentales confiables.
Las investigaciones sobre mujeres empresarias han estado, con frecuencia, encaminadas “a superar su invisibilidad” por haber sido ignoradas “incluso cuando han desempeñado papeles importantes”. El desempeño femenino en las empresas familiares habría pasado “casi desapercibido”, situado bajo lo masculino y “sin obtener el mismo reconocimiento” (Gálvez y Fernández).
La mujer empresaria como sujeto histórico
Es definida como una mujer que “encabeza y es propietaria de un negocio [y que] ha aceptado las responsabilidades y los riesgos financieros, administrativos y sociales” que ello supone (Serna Pérez). “Aquella mujer que es propietaria y dirigente de su empresa”, que genera empleos, que “contrata por lo menos un(a) trabajador(a) asalariado(a)”. Debe estar a cargo de la conducción cotidiana, asumir “las principales responsabilidades, las decisiones y los riesgos financieros administrativos y sociales que su actividad conlleva”; y desarrollar además “un proyecto que persigue un determinado fin económico, político, social” en el que “siempre hay una cuota de incertidumbre e innovación” (Zabludovsky).
Los conflictos que enfrentan las empresarias al iniciar y desarrollar una empresa”, por dos razones: a) las dificultades aparecen “cuando la mujer desempeña una actividad que ha sido tradicionalmente masculina”, dominada por hombres; b) “la multiplicidad de funciones que las empresarias deben desempeñar simultáneamente: mujer, empresaria, esposa y madre” (Serna Pérez).
Campos de acción
Al aludirse a las actividades de mujeres en el universo empresarial (que incluye asalariadas, ejecutivas, asesoras, inversionistas y propietarias), en numerosas ocasiones se ha mencionado que se desenvuelven sobre todo en el comercio y en determinados servicios. Esa apreciación se extiende a creadoras y dueñas, mientras que sectores como manufactura y agricultura pasarían a segundo o tercer término.Las fuentes citadas suelen provenir, entre otras, de organizaciones como OCDE, OIT e INEGI, de entrevistas o de datos censales, y se refieren a periodos relativamente recientes.
En términos generales no lo hacen en “las industrias de la construcción, agricultura y ganadería”, sino que se insertan en los servicios, particularmente de “hospedaje temporal y en la preparación de alimentos y bebidas, donde su porcentaje alcanza el 52%”. En lo que respecta a las manufacturas, en México en el 2010 “apenas constituían 13% de las empleadoras”, indicador que una década más tarde subió al 20%, datos que son congruentes con la realidad de otros países. Guzmán, en tanto, apuntó que el auge reciente de los servicios ha ofrecido oportunidades en sectores en que “no son excesivos los obstáculos al ingreso” y en los que ellas han “desarrollado tradicionalmente su actividad laboral”. En lo que respecta a las empresas creadas y gestionadas, la mayoría se inicia también “preferentemente en el sector servicios”.
En Aguascalientes, existe “una larga tradición artesanal y de pequeños propietarios, tanto en la agricultura como en la industria”. La ciudad se conformó en torno a grupos artesanales “ligados estrechamente a la producción” de micro y pequeñas empresas en el campo y las zonas urbanas. Y aunque las mujeres participaban de manera importante “en los servicios y el comercio, muestran una clara tendencia hacia la formación de empresas manufactureras [en especial] en la fabricación de blancos y prendas de vestir”. En cambio, en el contexto veracruzano, “las mujeres empresarias parecen orientarse [sobre todo a] los servicios y el comercio” y las empresas que “requieren organización entre pequeños propietarios son poco frecuentes”. Durante su trabajo de campo, la autora entrevistó a 26 empresarias, tarea que complementó conversando con actores masculinos. (Serna).
En Colima, los proyectos femeninos “se ubican en los sectores minoristas y de servicios, o en industria de baja rentabilidad, como el comercio al por menor, el servicio de comidas y el cuidado personal”. Se trataría de negocios pequeños, de crecimiento lento. Las mujeres empresarias “apenas se mencionan en industrias o sectores tradicionalmente dominadas por los hombres como la manufactura.
Monterrey y su expansivo entorno fabril
La indagación en diversos archivos del norte nos aleja parcialmente de algunas de estas conclusiones. En primer lugar, por el tipo de fuentes auscultadas y la base informativa que proveen; luego porque, como bien lo apunta Serna desde Aguascalientes, el contexto regional en que operan las mujeres empresarias puede conducirlas a otro tipo de proyectos; y muy importante, porque la documentación comprueba que las creadoras de empresas existían en México desde muchas décadas atrás, que sus actividades no se darían sólo desde tiempos recientes, y que dentro de esas historias las manufacturas y el agro lograron sobresalir. Veamos uno de los casos indagados en archivos notariales de la primera mitad del siglo XX y en documentos paralelos asentados en los registros públicos de la propiedad.
Las causas generales del notorio crecimiento de Monterrey, en la capital de Nuevo León a partir de 1890, son diversas: Por un lado, capitales regionales ya acumulados por distintos mecanismos y previas relaciones externas confluyeron para que los antiguos terratenientes, comerciantes y prestamistas arriesgasen cuantiosas inversiones durante el Porfiriato. Además, una revisión de las compañías fundadas antes de la Revolución mostró la tendencia a establecer sociedades sustentadas en una fuerte inversión inicial: esto llevó a la puesta en marcha de diversas plantas de metalurgia pesada, arista que diferenció el brote fabril de Monterrey del que se manifestaba en otras ciudades latinoamericanas. EN 1900 con la fundación de Fundidora de Fierro y Acero, que demandó cinco millones de dólares antes de comenzar a producir, y se adelantó en décadas a las plantas acereras de base estatal surgidas entre el río Bravo y la Tierra del Fuego. Asimismo, durante la década de 1930, Monterrey vio florecer nuevas formas de organización empresarial, como los grupos industriales, y a partir de 1940, su dinámica se manifestó como un muy fuerte impulso, prolongado hasta después de la Segunda Guerra Mundial.
La revisión detallada de una muestra de 232 sociedades creadas entre 1931 y 1945 por las familias prominentes (que se muestra en la tabla de esta página) permite vislumbrar el vibrante entorno que se transitaba en esos años: si ya lograban destacar los servicios a la producción, ninguna duda quedaba sobre la importancia que mantenía el área de transformación. Dos datos institucionales parecían confirmarlo: en 1943 fue fundado el Instituto Tecnológico (el Tec), destinado a generar recursos humanos para los grandes grupos empresariales, y en 1944 nacía la muy combativa Cámara de la Industria de Transformación de Nuevo León (Caintra).
Empresarias en Monterrey
La principal fuente utilizada para este estudio fueron los libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo León (AGENL). El período abarcó de 1931 a 1950, claramente anterior a lo referido en los trabajos académicos revisados. En esas décadas se detectó una muestra de 114 casos de mujeres creadoras de empresas; muchas de ellas figuraban como fundadoras, inversionistas de peso, u ocupaban puestos de dirección. Una discriminación por quinquenios indicó que entre 1931 y 1935 se registraron formalmente sólo ocho casos, y que en el lustro siguiente subieron a quince. Pero de 1940 a 1945 se observó un cambio realmente abrupto, coincidente con el notable auge generado por la Segunda Guerra Mundial: la creación de empresas bajo dominio de mujeres saltó a 64, es decir, más del 425% respecto al ciclo previo. Esta escalada se atenuaría entre 1946 y 1950, lapso en que se registraron 27 firmas.
Descubre la lista de los 114 proyectos, de los que 79 incluían fundadoras mujeres en posiciones de dirección o altos cargos administrativos (70% de los casos). Mujeres como
accionistas predominantes o importantes, sumaron 40 (35%). Y al incorporar la noción “accionistas igualitarias” (debido a que tenían la misma cantidad de acciones que los hombres), se encontraron en 48 (42.1%). Cómo el momento de auge se manifestó entre 1941 y 1945, se adoptó ese quinquenio para analizar las características concretas de cada uno de los casos ubicados en archivos. De los 64 verificados en esos años –y por razones de espacio– hemos seleccionado quince (presentes en la siguiente página), que son una muestra considerada suficiente para visualizar lo que sucedía entonces en Monterrey en materia de emprendimientos femeninos: inserción de mujeres en el mundo de la manufactura, empresas en el sector agrícola, establos productores de leche y su participación como accionistas en firmas como Pasteurizadora Nazas; así como su incremento en el sector de los servicios: finanzas, clínicas, maternidad, bienes raíces y negocios inmobiliarios.
No pocas mujeres operaban abiertamente en su creación, dirección y, con bastante frecuencia, en las inversiones. como en el caso de Esther Cejudo Melero (en la fila 8 de la tabla en la página 77 de la revista), conoce más nombres y las areas en las que se desempeñaron muchas mujeres empresarias en este contexto.

