La revolución acuerpada en el arte de Nahui y Nellie

CARMEN SAUCEDO ZARCO

Nahui Olin Nellie Campobello fueron, de distintas maneras, niñas de la Revolución. Una nació en 1893, la otra en 1900. Ambas crecieron en un país atravesado por la violencia, el cambio y la reconstrucción. Y ambas, desde el arte, reinventaron la manera de encontrar la belleza en medio del caos y de expresarse. La Revolución Mexicana no sólo se libró en los campos de batalla. También se escribió en los cuerpos, en la memoria y en el arte de mujeres que desafiaron su tiempo. Compartieron incluso un gesto simbólico: cambiarse el nombre, reinventarse a sí mismas como el mayor acto de creación. Y, de forma inquietante, también compartieron un destino atravesado por el aislamiento y la tragedia.

Nahui Olin: una llama devorada por sí misma que no se puede apagar
| Poeta, pintora y modelo | creadora desde la libertad 

Nada definía mejor a María del Carmen Mondragón que el movimiento. De ahí su nombre: Nahui Olin, tomado del náhuatl, símbolo del Quinto Sol, el sol del movimiento perpetuo.

Nació en 1893, en el seno de una familia porfiriana. A los pocos años, su vida dio un giro: se mudó a Francia, por trabajo de su padre, donde aprendió otra lengua, otra mirada. Expresarse entre idiomas a temprana edad fue para Nahui el prisma de su poesía, tanto que de mayor publicaría “Je suis de Dans” y “A dix ans sur mon pupitre”, recopilación de su tierna memoria. Ese primer desplazamiento marcó su forma de habitar el mundo. A los doce años regresó al ombligo de la luna y el movimiento que traía dentro de ella era imparable

Pronto fue reconocida en México como una pintora autodidacta, escritora y figura provocadora, Nahui rompió con los moldes sociales de su tiempo al usar su cuerpo como su propio lienzo. Hizo desnudos fotográficos y rapidamente fueron publicados en revistas —como Ovaciones y La Presa—no sin desatar escándalo, pero también abrieron una conversación: la posibilidad de que una mujer, más que musa, como artista se autorrepresente tan dueña de sí misma. 

En el amor, su vida fue igual de intensa y colorida. Sus parejas gozaron más de la vida por tener a una llama tan viva y creadora como Nahui. Primero un fugaz matrimonio con Manuel Rodríguez Lozano y luego, su relación más volcánica Su relación con Gerardo Murillo “Dr. Atl”, ambos artistas compartieron un periodo profundamente creativo, atravesando juntos uno de los momentos más fértiles de su producción artística. Así Nahui transitó del azul al naranja. 

Su obra publicada más celebre fue Óptica cerebral y Poemas dinámicos (1922), escribió en español y francés, construyendo una voz propia, defendiendo su autonomía con una convicción radical:

¿Qué me importan las leyes, la sociedad, si dentro de mí hay un reino donde yo sola soy?”

Con el tiempo, esa misma libertad la marginó. Se fue alejando del medio artístico hasta quedar casi olvidada. Pasó sus últimos días en la Ciudad de México, paseando por la Alameda, rodeada de gatos, como una figura ecléctica y fuera de tiempo, conteniendo multitudes. Murió en 1978. Su legado: haber roto, desde el cuerpo, la idea de lo que debía ser una mujer.

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Nellie Campobello: Una memoria viva y danzante. 
Pintora | bailarina 

continuará…

 

Lee el artículo completo en:
Saucedo Zarco, Carmen “Nahui Olin: la revolución desde el arte y el erotismo, 1893-1978”, Revista Relatos e Historias en México, núm. 209, pp. 51 - 52.
 
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