La amada inmóvil de Amado Nervo

El 27 de agosto de 1870 nació el poeta Amado Nervo
Luis Salmerón

 

Además de sus conocidos poemas, Nervo escribió las novelas El bachiller (1895), El donador de almas (1899) y El diablo desinteresado (1916), así como algunos cuentos y ensayos

 

 

El 27 de agosto de 1870 nació en Tepic, Nayarit, el gran poeta y cronista de la vida mexicana Amado Nervo. Este sonoro nombre, tan adecuado para un poeta y frecuentemente tomado por seudónimo, era en realidad el que le habían dado al nacer a nuestro personaje, tras la decisión de su padre de simplificar el apellido familiar Ruiz de Nervo.

 

Estudió en Tepic y en Michoacán, además de que radicó un tiempo en Mazatlán, donde publicó sus primeros escritos. En 1894 llegó a Ciudad de México para abrirse paso, con esfuerzo y constancia, como poeta y periodista. Colaboró en la Revista Azul, fundada por Manuel Gutiérrez Nájera, y formó parte de la redacción de los periódicos El Universal, El Nacional y El Mundo. En 1898 publicó su primer libro de versos intitulado Místicas, el cual le dio fama inmediata.

 

Como todos los poetas de su generación, amaba París desde lejos, hasta que en 1900 pudo vivir en esa ciudad, donde no solo encontró la pobreza, sino al amor de su vida: Ana Cecilia Dailliez, cuya muerte inspiró uno de sus libros más célebres: La amada inmóvil, publicado póstumamente en 1922. De regreso a México, fue profesor de lengua y literatura en la preparatoria y luego diplomático en España, Argentina y Uruguay, país en el que murió en 1919 con 48 años. Su retorno a la patria y sus funerales constituyeron una verdadera apoteosis. Yacen sus restos en la Rotonda de las Personas Ilustres, en Ciudad de México.

 

Un tópico muy repetido por Amado Nervo en sus páginas autobiográficas fue el de que carecía de historia. En 1895 escribía: “semejante al rey del cuento de Juan de Dios Peza, soy un hombre a quien jamás le sucedió cosa alguna”. En su breve autobiografía de 1906, insistía: “mi vida ha sido muy poco interesante: como los pueblos felices y las mujeres honradas, yo no tengo historia”. No obstante, en su vida se entretejieron armoniosamente sucesos dignos de mención: escribió muchos libros; fue combatido, pero a la vez amado y ensalzado, y fue afortunado capitán en las filas del modernismo, uno de los mayores movimientos literarios que ha tenido América. Justo es lo que dijo en su momento de plenitud:

 

 

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,

porque nunca me diste ni esperanza fallida,

ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino

que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje la miel o la hiel de las cosas,

fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:

cuando planté rosales coseché siempre rosas.

 

Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:

¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;

mas no me prometiste tan solo noches buenas;

y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

 

 

El artículo "Nace el poeta Amado Nervo" se publicó en Relatos e Historias en México, número 120. Cómprala aquí