• 24-oct-2020.

Derechos civiles, música y marihuana III

Ismael Villafranco

Sin reparar en el color de piel, nacionalidad, género o cualquier otra condición que se utilizara para distinguir o confrontar, los jóvenes de varios confines del mundo exigieron su derecho a elegir su propio destino. Y en esta lucha por un mundo más justo, la música creada por jóvenes artistas eran los gritos de guerra que los mantendrían unidos.

 

Es 1966. Bob Dylan está a punto de comenzar a tocar “Like a Rolling Stone” en el Free Trade Hall de Manchester, Reino Unido. En eso, se alcanza a escuchar a un espectador gritarle “¡Judas!”, enervando el sentimiento en la audiencia. Pero lejos de que Dylan lo confronte, solo le responde: “No te creo… Eres un mentiroso”. Y es que el músico veía un panorama distinto, uno que con el tiempo le otorgó la razón. Entonces, lo que muchos de la facción folk vieron como una traición, en realidad hizo que el mundo de la música y el rock llevara la misma lucha social a rincones inimaginables del planeta.

A las seis de la tarde del 4 de abril de 1968, Martin Luther King Jr. fue asesinado. Ocurrió en un motel de Memphis, Tennessee. Él era un predicador y activista estadounidense que emergió como un ícono mundial por la defensa de los derechos civiles desde hacía más de una década, tanto por su fuerte presencia pública como por sus discursos llenos de poesía y lúcidas estructuras gramaticales que bien podrían ser himnos de lucha, como el recitado en 1963 en la marcha de Washington, “I have a dream” (“Tengo un sueño”), el cual provocó que en muchas partes voltearan a ver qué sucedía en Estados Unidos y que, el año siguiente, Luther King fuera condecorado con el Premio Nobel de la Paz.

Este discurso fue enunciado en una histórica plaza, tanto por el monumento a Abraham Lincoln que ahí se encuentra, como por el carácter simbólico que adquirió en 1939, cuando la cantante afroamericana de ópera Marian Anderson dio ahí un emotivo recital, después de que no pudiera presentarse en el Constitution Hall debido a la oposición de un grupo llamado Hijas de la Revolución Estadounidense (DAR, por sus siglas en inglés), que argumentaba que el foro estaba reservado para los blancos.

Dos meses después del asesinato de Luther King, el 6 de junio de 1968 fue también ultimado Robert Francis Kennedy. Era hermano menor del expresidente John F. Kennedy y senador por Nueva York. Se había expresado abiertamente en contra del gobierno del presidente Lyndon B. Johnson. Asimismo, las diferencias entre el mandatario y Robert con respecto a la Guerra de Vietnam habían alcanzado un punto crítico.

 

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