Lupe Vélez

Icónica actriz mexicana 

Saúl Ivan Hernández Juárez

También conocida como “El Volcán Mexicano” fue una actriz de talla internacional cuya filmografía supera los 47 títulos. Triunfó en Hollywood durante los años veinte, desde sus primeras audiciones, cautivando a directores y productores con su carisma y presencia en pantalla. ¿Ya la conocías?

En el barrio de San Sebastián, uno de los más icónicos de la ciudad de San Luis Potosí caracterizado por su belleza novohispana, el 18 de julio de 1908 fue testigo del nacimiento de una de las figuras más importantes del cine de oro hollywoodense y de la historia del cine mexicano: Guadalupe Villalobos Vélez, apodada Mexican Spitfire, por la fuerza de su temperamento en el mundo cinematográfico y en su vida personal. Su infancia transcurrió en el Café Royal que se ubicaba en la calle Zaragoza de la capital potosina, establecimiento del que eran propietarios su padre, el general Jacobo Villalobos Reyes, y su madre, la excantante de zarzuela Josefina Vélez Gómez. 

Sobre los primeros años de vida de Lupe Vélez, su hermana Josefina Villalobos, en una entrevista concedida al Excélsior a finales de 1944, narró que “de niña, Lupe solía contemplar a las actrices cuando se vestían y se maquillaban antes de aparecer en escena, y después acostumbraba ocupar un palco lateral para ver la función. Cuando regresaba a casa, se ponía los vestidos de mi madre e imitaba a las artistas que había visto ese día”. Para 1921, la madre de la actriz la internó en Our Lady of the Lake, un colegio religioso en San Antonio, Texas, pero al tiempo, cuando se acabó el dinero para pagar sus estudios, Vélez tuvo que trabajar en una tienda, y a la par tomaba clases de baile. Muy joven llegó a la Ciudad de México y de inmediato se integró como bailarina en el Teatro Principal para después, con tan sólo 15 años, desempeñar su primer papel en la revista musical Mexican Rataplán, presentada en el Teatro Lírico. 

De ahí en adelante, la vida del Volcán Mexicano cambiaría radicalmente, pues esos pasos la llevarían, de la mano del productor Hal Roach, a Hollywood, un mundo en el que se incorporó de forma meteórica; primero en el cine mudo con la cinta SailorsBewere!, al lado de los famosos comediantes Laurel y Hardy (el Gordo y el Flaco), y en la que, a pesar de su breve aparición, su carisma tomaría gran protagonismo y se comenzaría a acuñar la expresión Whoopee Lupe; después, con Douglas Fairbanks participó en la cinta El Gaucho de 1927.

Con la transición al cine sonoro en 1929, su carrera en “cinelandia” despegó con la película The Wolf Song al lado de Gary Cooper, dirigida por Victor Fleming (quien más adelante sería el afamado director de Lo que el viento se llevó, 1939). También trabajó con directores de la talla de Donald Crisp, David W. Griffith –quien fue una de las figuras más influyentes en la historia del cine mundial–, Tom Browning, Carl Laemmle, George Melford, Edwin Carewe, Cecil B. De Mille; en México, colaboró con Fernando de Fuentes, Celestino Gorostiza y Roberto Gavaldón. 

Por eso y mucho más, Lupe Vélez fue una estrella cinematográfica de talla internacional que se puso en el peldaño de figura de diva, hasta su muerte en 1944; su última película estelar realizada en México fue Naná (1944), basada en la obra del escritor francés Emilio Zolá, producida por Alberto Santander y dirigida por Celestino Gorostiza y Roberto Gavaldón. En suma, su vida profesional fue bastante conocida y biografiada.

Este artículo explora el escándalo mediático de la prensa estadounidense y mexicana en torno a la muerte de esta icónica actriz. Su legado póstumo quedó opacado por sus aventuras amorosas, reduciendo a narrativas simplistas su última escena cinematográfica: su suicidio. Así, su legado artístico quedó sepultado ///ridiculizadas y resumidas a una serie de amoríos tormentosos, dejando de lado la complejidad de su historia y la magnitud de su figura artística. Después de leerlo, quizá la mejor forma de reivindicarla sea volver la mirada hacia su obra y reconocer el legado cinematográfico que dejó tras de sí.

Durante los años treinta y cuarenta del siglo XX, la intensa vida amorosa y sentimental de la actriz mexicana Lupe Vélez llenó las páginas de los periódicos y las crónicas de radio, pues, según el cineasta Martín Caballero, quien en 2008 dirigió el cortometraje Forever Lupe, “los galanes más importantes de Hollywood y México compartieron intensos fragmentos de su vida amorosa con la potosina de bellos ojos”; entre ellos, Gary Cooper, Johnny Weissmuler, John Gilbert “el gran amante”, Guinn Big Boy Williams, el mexicano Arturo de Córdova y el francés Harald Ramond, quien sería su última pareja y leitmotiv alrededor de su muerte. El Volcán Mexicano, a finales de 1944 también inundó las páginas de la prensa sensacionalista internacional y de los diarios en México por su suicidio

El 14 de diciembre de 1944, los diarios amarillistas de Los Ángeles, California, anunciaron en primera plana la muerte de la actriz potosina. El Daily Mirror tituló “Lupe Velez Kills Self for Love (Lupe Vélez se mató por amor) y aseguraba que “la infelicidad de una maternidad no deseada, sin vínculos matrimoniales y desconsolada por el fracaso de su amor con el actor Harold Ramond, provocó su suicidio”. Por su parte, el Herald Express reveló: “Film Star Lupe Velez Found Dead in Suicide” (La estrella de cine Lupe Vélez fue encontrada muerta por suicidio) y hacía hincapié en su temperamento impulsivo dentro y fuera de la pantalla, pues, según la información, la policía expresó que la “emotiva estrella de cine, quien había experimentado repetidamente el dolor en sus aventuras amorosas”, prefirió la muerte a tener mayores miserias amorosas.

No obstante, la revista sensacionalista Silver Screen amplió y distorsionó la escena de la muerte de Vélez anunciando: “Oh, What an Ugly Way to Go! When Mexican Spitfire Lupe Velez did herself in, her final scene was enough to make you puke” (¡Qué manera tan fea de morir! Cuando el Volcán Mexicano Lupe Vélez se quitó la vida, su última escena fue suficiente para hacerte vomitar). De forma burda y soez, la nota narró su vida sentimental y personal, así como las supuestas motivaciones de su suicidio, y sin ningún escrúpulo escribieron: “Estaba bien tener aventuras y acostarse con cualquiera, incluso desfilar en público mostrando esas dotes femeninas de cintura  para abajo, pero el aborto era un NO para los católicos devotos. En cambio, decidió que no tenía más opción que suicidarse”.

Más allá de lo que informó la corrosiva prensa angelina en Estados Unidos, en la Ciudad de México, El Universal, El Nacional, Excélsior y Novedades como pólvora esparcieron la noticia, pues, además de informar sobre el suceso, ilustraron y castigaron editorialmente los hechos sobre la muerte de la actriz, ya que fueron incisivos sobre las supuestas causas que llevaron a Lupe Vélez a quitarse la vida.

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Históricamente, la prensa sensacionalista ha recurrido a titulares llamativos, alarmantes, exagerados y escandalosos para atraer al mayor número de lectores, generando reacciones emocionales sin importar la veracidad de la información. Con esa misma fórmula, la sección de espectáculos enfatizaba las prácticas sentimentales y sexuales “escandalosas” de los sujetos en cuestión y, en la sección policiaca, daban buen espacio a los entonces llamados “crímenes pasionales”. Además, con frecuencia la información iba acompañada de una imagen y un pie de foto que sentenciaban, pues ilustrar visualmente servía para poner rostro a la transgresión, es decir, la fotografía era utilizada con fines punitivos.

Así, apoyar el discurso con imágenes se convirtió en uno de sus recursos editoriales esenciales. La prensa sensacionalista –también llamada amarillista– fungió como un espacio de condena moral desde el estigma. Entonces, si el suicidio era juzgado y estaba castigado principalmente en el ámbito religioso, también lo estaba en el ámbito social. La célebre Lupe Vélez no quedó exenta de ese enjuiciamiento, ya que, con titulares e informaciones exageradas y escandalosas, fue castigada mediáticamente por cometer esa transgresión.

Sobre las razones del suicidio te invitamos a seguir leyendo el artículo completo en la revista #211