Es marzo de 1917, la nueva Constitución acaba de ser promulgada y en el cielo mexicano se respiran aires de cambio. También es tiempo de elecciones para renovar la presidencia, diputados y senadores. En esos días agitados, un hecho sorprende –y para muchos resulta inaceptable–: la candidatura de Hermila Galindo para diputada por el quinto distrito electoral de Ciudad de México.