Cuenta Silvia Pinal que la familia Dominguín enterró en España una copia en el jardín de su finca madrileña y que ella recogió otra que se encontraba en París y la trajo a nuestro país en su equipaje de mano. Finalmente, la película, que por años se mantuviera sin patria ni permisos para su comercialización, sobrevivió y hoy es considerada una de las más importantes no solo de México y España, sino de la filmografía mundial.