En el México colonial los ingresos del fisco provenían de varias fuentes; entre ellas y por extraño que parezca, de limosnas. Este era el caso de las bulas de la Santa Cruzada, unos documentos que compraban los fieles para ganar indulgencias con las cuales acortar su paso por el purgatorio y obtener dispensas en los días en que la Iglesia católica prohibía comer carne.