¡Vamos al cine! Les recomendamos “Amor de la calle”

La época dorada del beisbol en el cine

La Redacción

De no ser por la intervención milagrosa de Fernando, el Pichi, el Trompas y el Orejas hubieran ido al tutelar luego de que el policía que procuraba el orden en la taquilla del estadio de beisbol los sorprendiera recogiendo el billete que se le cayó a Fernando. Él, agradecido porque se lo han devuelto, cumple el deseo de los niños y les invita la entrada al inmueble, que además luce abarrotado.

 

Antes de eso, los chicos taloneaban a la gente intentando completar para sus entradas, así que el momento no podría acabar mejor para ellos.

Pero la charla entre el Pichi y Fernando esa tarde rinde frutos inesperados cuando este invita al menor a trabajar en ¡Acá las tortas!, su local en La Lagunilla, a lo cual accede de buena gana porque su familia está a punto de ser desalojada de la vecindad por no lograr pagar los veinte pesos mensuales de renta. Además el tortero, como buen calavera, se entera de que el Pichi tiene una atractiva hermana, Queta, y se dispone a conquistarla.

Como en muchos melodramas típicos de la época de oro del cine mexicano, la historia protagonizada por Queta, Pichi y Fernando en Amor de la calle recurre a una de las exitosas fórmulas comerciales del momento: ambiente de vecindad, juicios morales, rumberas y vida nocturna, personajes pobres pero honrados y ricos abusivos, mujeres abnegadas y golpeadas, protagonistas cantantes… Aunque destaca un entrañable elemento más: el beisbol.

Para cuando la película fue estrenada en mayo de 1950, el rey de los deportes transitaba a una nueva época después de haber gozado de gran popularidad en la República. De igual forma había experimentado un boom mediático y comercial tras la llegada de peloteros y entrenadores de gran prosapia provenientes de Grandes Ligas y del circuito cubano, sobre todo cuando en 1947 aumentó de seis a ocho el número de equipos de la liga profesional mexicana. Inolvidable fue también el magnífico show beisbolero presentado todos los viernes a lo largo de la temporada de 1946 en el Parque Delta, protagonizado por Buster Keaton.

Por eso, el fervor del Pichi y sus amigos por este juego no resulta descabellado, aunado a que participan en la novena de su barrio; ni tampoco que Fernando haya optado por intentar explicarle el juego a Queta en su primera charla, aunque ella no le entendió “ni jota”. Por otra parte, el graderío a reventar que aparece al principio del filme evoca las tardes en las que los aficionados de la Ciudad de México llenaban el Reforma, el Unión y el Franco Inglés (autonombrado la Catedral del Beisbol) para alentar a sus ídolos, o a los juegos de local de los Pericos de Puebla, celebrados a la 1:15 durante el horario de comida de los trabajadores, lo que les permitía volver a su jornada laboral una vez terminado el partido.

Al igual que otras producciones cinematográficas realizadas entre 1948 y 1950, como Hay lugar para… dos, El beisbolista fenómeno, Azahares para tu boda, La marquesa del barrio, No me defiendas compadre entre otras, Amor de la calle abre una ventana al espectador para que rememore o conozca, al margen de las historias, la pasión por la pelota caliente de mediados del siglo XX mexicano y por eso se la dejamos aquí, esperando que la disfrute.

 

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Amor de la calle