• 21-ago-2019.

¡Vamos al cine! Les recomendamos “Acá las tortas”

Marco A. Villa

Estrenado en 1951, este filme aborda la tensión generada por el complejo de inferioridad de algunos sectores de la sociedad mexicana ante el modelo de vida estadounidense.

 

 

¡Cuánto sufrimiento pueden ocasionar unos hijos tan ingratos, tan malagradecidos! Por lo menos esto es lo que piensa la nana Jacinta sobre Lupe y Ricardo, los hijos menores de don Chente y Dolores, quienes vuelven al país después de pasar cinco años en Estados Unidos, aunque más deseosos por planear su nueva vida entre la alta alcurnia social, a la que creen pertenecer, que por disfrutar de nueva cuenta del amoroso regazo de sus padres, edificado con base en un exitoso negocio de tortas al que se han dedicado en cuerpo y alma, asentado en un barrio capitalino clasemediero.

 

La intención de los jóvenes de mantenerse lejos de la tradición familiar de la que ahora están avergonzados desata un cúmulo de problemas en los que se ven implicados Chente, el alcohólico hermano mayor de los “nuevos gringos”; la señorita María, quien había quedado embarazada de Ricardo y ahora debe mantener sola al hijo de ambos, trabajando en un ambiente nocturno “inmoral”; Pancho, el mecánico “pobre e ignorante” que ya no está “a la altura” de la señorita Lupita; entre otros personajes que no hacen más que reflejar a aquella Ciudad de México de mediados del siglo pasado en la que convivían el conservadurismo cotidiano con su denso aire de religiosidad impregnado y los nuevos esquemas urbanos de una sociedad en medio del auge demográfico y económico a la luz del desarrollo estabilizador, con todo lo que ello implicaba en materia de inversión y consumo.

 

En cuanto a la atmósfera del filme, merece la pena reflexionar sobre los contrates entre el arraigo cultural mexicano y el estilo de vida estadounidense (American way of life) cuyas semillas germinaron en la sociedad norteamericana de los años que precedieron al fin de la Segunda Guerra Mundial –los cuales coincidieron con la estancia de Lupe y Ricardo–, cuando esta nación gobernada por Harry Truman comenzaba a experimentar un periodo de gran crecimiento económico que se extendería por varios años más.

 

Por otra parte, la sociedad nacional se asumía menos educada y con una calidad de vida inferior a la de los gringos, pero, eso sí, con una moral inquebrantable –o casi– que soportaría cualquier “calvario” que haya que pagar y que además preserva el toque pueblerino hasta en su lenguaje y vestido; por cierto, bien representados con las actuaciones de la veracruzana doña Sara García y el hidalguense Carlos Orellana. Así, los hijos encarnan ambas culturas mientras desprecian lo mexicano, incluidas las tortas, y anhelan darle cauce a unas confortables vidas basadas en una buena posición social y en el consumo.

 

Es en ese ambiente moralino en el que la Venus Azteca, como fue conocida Meche Barba (María), danza y se contonea en una escena de cabaret que evoca el auge de las rumberas, al ritmo de la musicalización de Manuel Esperón, quien trabajó en cerca de quinientas películas mexicanas y extranjeras. En cuanto al director Juan Bustillo Oro, esta película significó un discreto retorno al cine de comedia que tanto éxito le había dado con cintas como La tía de las muchachas (1938) y Ahí está el detalle (1940).

 

Este filme también contó con la participación de Jesús Grovas, uno de los primeros grandes productores del cine nacional, quien junto con el director fundó en 1937 la importante casa productora Oro Grovas, que luego mutó en la Cinematográfica Grovas, S.A., ya sin Bustillo Oro. Por cierto, Grovas dio en el clavo cuando cambió el nombre original de la cinta, Ustedes los ricos, por el jocoso ¡Acá las tortas!, obteniendo buenas críticas tras su estreno, así como gran aceptación del público. Aquí se la dejamos para que la disfrute.

 

 

El artículo "Acá las tortas" del autor Marco A. Villa, se publicó íntegramente en Relatos e Historias en México, número 104